Sabemos muy pocas cosas de la Santísima Virgen, aunque es cierto que eso poco que sabemos nos abre muchas perspectivas. Evidentemente, María desempeñó una función primordial en la historia de Jesús y tuvo una enorme influencia en la historia del cristianismo. El Credo proclama que “Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo y nació de Santa María Virgen”. María ha ejercido una gran influencia en la piedad cristiana. Es la primera entre los santos a quien dirigimos nuestras voces en oraciones de alabanza y de súplica. ¿Hay alguna oración que se rece con más frecuencia que el Ave María?
En el plano afectivo, María simboliza la escucha maternal para un número incalculable de personas, para las que, según expresión de un escritor moderno, es “icono de la ternura de Díos”.(1) A nivel de actitud moral, los cristianos, al reflexionar sobre el Nuevo Testamento, ven en María el discípulo ideal, la primera entre todos los santos.
En este breve artículo voy a presentarles cinco de esos rostros. Invito a los lectores, no sólo a reflexionar sobre lo que yo escribo, sino también a meditar conmigo sobre esos rostros. Pinturas, iconos, mosaicos e imágenes creadas en nuestras mentes y nuestros corazones tienen un modo de hablarnos que va más allá de las palabras.
PRIMER ROSTRO = MYRIAM DE NAZARETH.
He elegi
do representar a Miriam de Nazaret, la maravillosa “Virgen con el Niño” de Murillo (1617-1682). Pero siendo tan preciosa y aunque me gusta muchísimo, reconozco que está Virgen es más europea que la histórica Miriam de Nazaret. Aunque no sabemos como era realmente Miriam, el cuadro de Murillo nos presenta la unión con su hijo, algo central en los textos bíblicos que la describen y la profunda serenidad que emana de ello.
Con esta primera imagen, reflexionamos en la María de la historia de la que conocemos únicamente tan poco. Permítanme intentar expresar lo poco que podemos decir históricamente de la Virgen María.
María se llamaba en realidad Myriam, como la hermana de Moisés. Probablemente había nacido en Nazaret, pequeña aldea de unos 1.600 habitantes, de los que casi todos eran judíos. Si no nació allí, al menos allí vivió una gran parte de su vida. A su Hijo se le llamó “el Nazareno”, como lo muestra la inscripción colocada en lo alto de la Cruz. El nacimiento de María tendría lugar, probablemente, entre los años 20 y 15 antes de Jesucristo. Ella, José y Jesús vivían en territorio ocupado por una potencia extranjera: los romanos, a los que muchos judíos odiaban. Con frecuencia, la atmósfera era tensa.
Su esposo José, y su hijo Jesús, eran carpinteros.(3) La lengua que hablaba con ellos, en casa, era el arameo, aunque quizá comprendiese también, al menos un poco, el hebreo, que oía leer en los oficios de la sinagoga local. Quizá también llegó a comprender algunas expresiones griegas, cosa que debía de ser útil en el oficio de carpintero, porque muchos comerciantes en aquella época y en aquella región del imperio Romano hablaban griego.
Como las madres de aquella época, y de muchas otras, tuvo que amamantar a su Hijo, guisar las comidas regularmente, hacer muchos trabajos caseros, limpiezas, coladas. Tuvo que ir a buscar el agua al pozo o a los arroyos cercanos. Por supuesto, también María, como la mayoría de las madres, enseñó a su hijo a andar y a hablar, a orar y a hacer otras muchas cosas.
En aquella época era insólito que las mujeres de Palestina tuvieran ocasión de estudiar; por eso, es probable que María no supiese leer ni escribir. Sus conocimientos eran orales, adquiridos a través de las tradiciones familiares, de las que se impregnaba en casa y a través de la lectura de las Escrituras, así como de los sermones que oía en la sinagoga.
María, José y Jesús eran pobres, pero como José tenía un oficio, sin duda no eran más pobres que la mayoría de los galileos de su época
José parece que murió antes del comienzo del ministerio público de Jesús. María, sin embargo, vivió durante dicho ministerio.(4)La separación de Jesús, cuando éste emprendió su misión, tuvo que ser dolorosa para ella. Marcos nos dice que la familia de Jesús le tenía por loco,(5) y que Jesús se negó a una petición de su familia que quería verle.(6)María estuvo presente en la crucifixión. En aquella época tendría probablemente unos cincuenta años. Ella vivió por lo menos los primeros años de la lglesia.(7)
¿Qué nos dice este primer rostro? Nos dice que María estuvo enraizada en la vida real. Que fue una de nuestra raza. Como la mayoría de las mujeres de su época, era muy trabajadora, tenía poca instrucción y era bastante pobre. Era una judía profundamente creyente, cuya fe se alimentaba de la Palabra de Dios que escuchaba en la sinagoga. Amaba y cuidaba a su Hijo y a su marido. Conservaba en orden la casa. Probablemente ella ayudaría de vez en cuando en la carpintería. Tuvo que ser doloroso para Ella cuando su Hijo dejó el taller de carpintero y emprendió un ministerio extraordinario. Indudablemente, tuvo alegrías con sus éxitos y experimentó angustia y sufrimiento cuando se le condenó como a un criminal y se le dio muerte. Todos podemos reconocernos en esa forma de vida. Que no fue fácil. Ni tampoco muy gloriosa. Sin embargo, hay en ella una noble belleza.(8)María fue tan real que la gente de todos los tiempos ha tenido la certeza de que ella comprende sus alegrías, sus necesidades y sus penas.
Por Robert P. Maloney, C.M.
Anterior Superior General.
En el plano afectivo, María simboliza la escucha maternal para un número incalculable de personas, para las que, según expresión de un escritor moderno, es “icono de la ternura de Díos”.(1) A nivel de actitud moral, los cristianos, al reflexionar sobre el Nuevo Testamento, ven en María el discípulo ideal, la primera entre todos los santos.
En este breve artículo voy a presentarles cinco de esos rostros. Invito a los lectores, no sólo a reflexionar sobre lo que yo escribo, sino también a meditar conmigo sobre esos rostros. Pinturas, iconos, mosaicos e imágenes creadas en nuestras mentes y nuestros corazones tienen un modo de hablarnos que va más allá de las palabras.
PRIMER ROSTRO = MYRIAM DE NAZARETH.
He elegi
do representar a Miriam de Nazaret, la maravillosa “Virgen con el Niño” de Murillo (1617-1682). Pero siendo tan preciosa y aunque me gusta muchísimo, reconozco que está Virgen es más europea que la histórica Miriam de Nazaret. Aunque no sabemos como era realmente Miriam, el cuadro de Murillo nos presenta la unión con su hijo, algo central en los textos bíblicos que la describen y la profunda serenidad que emana de ello.Con esta primera imagen, reflexionamos en la María de la historia de la que conocemos únicamente tan poco. Permítanme intentar expresar lo poco que podemos decir históricamente de la Virgen María.
María se llamaba en realidad Myriam, como la hermana de Moisés. Probablemente había nacido en Nazaret, pequeña aldea de unos 1.600 habitantes, de los que casi todos eran judíos. Si no nació allí, al menos allí vivió una gran parte de su vida. A su Hijo se le llamó “el Nazareno”, como lo muestra la inscripción colocada en lo alto de la Cruz. El nacimiento de María tendría lugar, probablemente, entre los años 20 y 15 antes de Jesucristo. Ella, José y Jesús vivían en territorio ocupado por una potencia extranjera: los romanos, a los que muchos judíos odiaban. Con frecuencia, la atmósfera era tensa.
Su esposo José, y su hijo Jesús, eran carpinteros.(3) La lengua que hablaba con ellos, en casa, era el arameo, aunque quizá comprendiese también, al menos un poco, el hebreo, que oía leer en los oficios de la sinagoga local. Quizá también llegó a comprender algunas expresiones griegas, cosa que debía de ser útil en el oficio de carpintero, porque muchos comerciantes en aquella época y en aquella región del imperio Romano hablaban griego.
Como las madres de aquella época, y de muchas otras, tuvo que amamantar a su Hijo, guisar las comidas regularmente, hacer muchos trabajos caseros, limpiezas, coladas. Tuvo que ir a buscar el agua al pozo o a los arroyos cercanos. Por supuesto, también María, como la mayoría de las madres, enseñó a su hijo a andar y a hablar, a orar y a hacer otras muchas cosas.
En aquella época era insólito que las mujeres de Palestina tuvieran ocasión de estudiar; por eso, es probable que María no supiese leer ni escribir. Sus conocimientos eran orales, adquiridos a través de las tradiciones familiares, de las que se impregnaba en casa y a través de la lectura de las Escrituras, así como de los sermones que oía en la sinagoga.
María, José y Jesús eran pobres, pero como José tenía un oficio, sin duda no eran más pobres que la mayoría de los galileos de su época
José parece que murió antes del comienzo del ministerio público de Jesús. María, sin embargo, vivió durante dicho ministerio.(4)La separación de Jesús, cuando éste emprendió su misión, tuvo que ser dolorosa para ella. Marcos nos dice que la familia de Jesús le tenía por loco,(5) y que Jesús se negó a una petición de su familia que quería verle.(6)María estuvo presente en la crucifixión. En aquella época tendría probablemente unos cincuenta años. Ella vivió por lo menos los primeros años de la lglesia.(7)
¿Qué nos dice este primer rostro? Nos dice que María estuvo enraizada en la vida real. Que fue una de nuestra raza. Como la mayoría de las mujeres de su época, era muy trabajadora, tenía poca instrucción y era bastante pobre. Era una judía profundamente creyente, cuya fe se alimentaba de la Palabra de Dios que escuchaba en la sinagoga. Amaba y cuidaba a su Hijo y a su marido. Conservaba en orden la casa. Probablemente ella ayudaría de vez en cuando en la carpintería. Tuvo que ser doloroso para Ella cuando su Hijo dejó el taller de carpintero y emprendió un ministerio extraordinario. Indudablemente, tuvo alegrías con sus éxitos y experimentó angustia y sufrimiento cuando se le condenó como a un criminal y se le dio muerte. Todos podemos reconocernos en esa forma de vida. Que no fue fácil. Ni tampoco muy gloriosa. Sin embargo, hay en ella una noble belleza.(8)María fue tan real que la gente de todos los tiempos ha tenido la certeza de que ella comprende sus alegrías, sus necesidades y sus penas.
Por Robert P. Maloney, C.M.
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