sábado, diciembre 26

sábado, diciembre 5

¿TIENEN VIDA O NO?

Escribo este post justo al acabar de ver La lista de Schindler. Ésta ha sido la tercera vez que he visto la película. Siempre consideré que La Amistad, del mismo director, es una película mejor. En algunos momentos, la Lista me ha hecho dudar, pero después de reflexionar sobre las virtudes cinematográficas de una y de otra, me quedo con La Amistad.

La Lista tiene más trabajo, muchísimo más trabajo, es de factura impecable y es una gran película. Pero La Amistad tiene varios aspectos de verdadera y genuina genialidad: véase el momento en que el esclavo explica la vida de Jesús a través de los grabados de Doré (de un lirismo, de una condensación conceptual, en verdad magistral), véase el momento en que la cámara se mueve para ver de perfil a los magistrados del Tribunal Supremo (ese movimiento es de una fuerza estética tan increíble que uno se queda admirado de lo que se puede lograr moviendo lentamente una cámara). Podría continuar. La Amistad es la mejor película de Steven Spilberg.

Pero no es para hablar de este asunto por lo que he escrito este post. No.
Si me he puesto a escribir a esta hora tardía en que ya debería haber comenzado mis oraciones de la noche, es por el final de la película. Algo que me ha impresionado profundamente.
Al final de la película, Oskar Schindler llora porque piensa que si hubiera vendido su coche, hubiera salvado a diez judíos más. Y si hubiera vendido su broche de oro, a una persona más. En ese momento de la película, con los operarios rodeándole, se ve claramente lo que significa ese broche: una persona más, una vida más por delante.

En ese momento me han venido a la mente el aborto. Algún día, entenderemos lo que hubiera sido una vida más. Después, al escribir este post me he acordado de las palabras de Bono sobre el aborto. Amigo Bono, te llamo así porque tengo un alto, muy alto concepto de ti, no tienes razón. En mi modesta opinión, hubieras sido un gran Presidente del Gobierno. Pero en algunos campos, y éste es uno de ellos, yerras completamente.

Dios ha dado a los seres humanos la capacidad de crear o no nuevas vidas. Pero no ha concedido el permiso para matarlas una vez creadas.

Lo que dice Bono hablando de entendimiento y buena voluntad, no se lo dice a los abortistas, siempre se lo dice a los cristianos. Somos nosotros los que tenemos que ceder. Libertad, entendimiento, comprensión, se traduce en que cedamos.

El mensaje de Bono viene a ser, que cómo no está muy claro si el niño en el vientre de su madre es un ser humano o no, lo mejor es que no seamos fanáticos y aceptemos de buen grado la ley actual y que sigamos matándolos. Ah, y además callaos. Callaos porque ésta es una democracia.

Algún día, él, el político, cuando se presente ante el Juicio, el juicio inexorable, definitivo e insobornable de Dios, del que pende la salvación eterna del alma, sabrá lo que era una vida humana. Como Oskar Schindler, muchos llorarán al ver lo que hubiera significado que a ese niño, ya creado, se le hubiera concedido una vida sobre la tierra.

No matarás.

Las palabras del Dios del Sinaí resuenan con toda su fuerza hoy día. Podemos crear o no una vida humana. Pero una vez creada, no se nos ha dado autoridad para destruirla. Y si un Estado dice lo contrario, no será el Estado el que sea juzgado, sino uno a uno los seres humanos que fueron responsables del acto sangriento. Porque aquí no estamos hablando de libertad, sino de derramamiento de sangre, literalmente de sangre.

Algún día en el futuro, lo que hoy les parece tan normal, hará que otras generaciones se lleven las manos a la cabeza, preguntándose cómo esto fue posible a plena luz del día, bajo el amparo de la Ley, ante el silencio de casi todos. La Vicepresidenta del Gobierno ya nos ha dicho muchas veces que los que defendemos a los niños en el vientre de su madre, no sabemos lo que es vivir en democracia, que vivimos en otras épocas, y que nuestras palabras son intolerables.
Puede que no sepamos lo que es vivir en democracia. Pero sabemos lo que es matar en democracia.

Al final, esa sangre derramada no la derrama la sociedad, sino que son personas concretas. Los responsables de esa sangre son políticos con caras conocidas, con apellidos conocidos. Y algunos aun querrían aun comulgar el Santísimo Cuerpo de Dios. Y soy tan cristiano como los obispos, dijo cierto gallego bajito.

Claro, claro, por eso habéis fundado las juventudes cristianas en vuestro partido. ¿Acaso para fomentar el mensaje de Cristo? ¿O tal vez para organizar mejor las apostasías?

Pero no es el presente el que me da miedo, sino el futuro. Cuando los adolescentes de ahora, sean hombres maduros y con todo el poder de las leyes, de los hemiciclos y de los periódicos a sueldo, se pongan manos a la obra en la tarea de imponer la democracia y los valores constitucionales dentro de la Iglesia. Ese día llegará, sin duda.

Mientras tanto, sólo nos queda ampararnos en el manto de la Virgen María y pedir que los vientos que ahora sembramos, sean contenidos por la misericordia de Dios el mayor tiempo posible. Amén.
Puede que el final del post anterior pudiera parecer pesimista. No lo parece, lo es.
El universo está interconectado. No se puede derramar la sangre de millones de niños y pensar que después no va a pasar nada.

Todo lo que hacemos, tiene repercusiones. Cada acción buena tiene efectos aquí en la tierra, aunque no atisbemos ninguno. Lo mismo es válido para el mal.
Las muchas acciones deplorables que se han cometido durante la última generación siguen acumulándose, sin que el bien logre contrarrestar el efecto de la evidente degradación moral de la sociedad. El mal sigue creciendo.

COPIADO Y PEGADO SIN PERMISO DEL BLOG DEL PADRE FORTEA.

viernes, octubre 30

CAPUCHINO PREDICADOR Y SU TESTIMONIO DE VIDA

Mi historia personal con el Señor empezó muy temprano. Fui bautizado a los pocos días después de mi nacimiento; pero esto no era todavía un encuentro personal. Mi primer encuentro personal fue a los trece años. Yo estaba en un Colegio de Capuchinos. No sabía todavía lo que iba a hacer en mi vida, cuando tuvimos un primer retiro y escuché por primera vez las grandes verdades de nuestra fe: el amor de Dios, la vida eterna, el infierno ...
Recuerdo muy bien la impresión que me dio la meditación sobre el infierno; me hizo entender que la vida es algo muy serio, una aventura muy seria. Y escuchando estas verdades, exponiéndome por primera vez a la luz del Evangelio, percibí inmediatamente mi vocación, me sentí llamado por el Señor a hacerme sacerdote franciscano. El ser franciscano era secundario en aquel momento; lo que era primordial era que yo dedicaba mi vida al Señor Jesús.



Empecé mi formación que duró muchos años. Estudié, fui ordenado sacerdote en Loreto, que es un lugar donde hay un Santuario de la Virgen muy importante. Fue ordenado sacerdote en 1.958, hace muchos años, algunos de vosotros todavía no habíais nacido. Después los superiores me enviaron a Suiza a estudiar Teología y me doctoré en Teología estudiando a los Padres de la Iglesia. Después me enviaron a la Universidad Católica de Milán para profundizar en el conocimiento de las lenguas clásicas, latín y griego, para estudiar mejor los Padres de la Iglesia y la Escritura.


Cuando terminé mis estudios de filología clásica, me invitaron a quedarme a la Universidad. El Rector de entonces que era un santo. Ahora está en proceso su beatificación. Él fue un precioso laico para la Iglesia de Italia. El me invitó a ser su ayudante y después de dos años se instituyó una cátedra para mí que era la cátedra de Historia de los Orígenes del Cristianismo. Se estudia en esta cátedra el Nuevo Testamento y los primeros siglos de la Iglesia, un precioso campo.


Llevaba allí enseñando varios años y predicaba los domingos algunas homilías, pero nada más. Mi papel era sobre todo la búsqueda científica. Estaba contento y mis superiores decían que estaban muy orgullosos de tener un miembro de su orden en la Universidad Católica. Es una importante Universidad que en aquel tiempo; tenía unos veintidós o veintitrés mil estudiantes.


En 1975, una señora a quien yo acompañaba en su camino espiritual, regresó de un Retiro de fin de semana en una casa de Milán y me dijo: “He encontrado un grupo de personas extrañas que oran de una manera nueva, que levantan las manos y se habla incluso de milagros que ocurren entre ellos”. Y yo como un buen director espiritual muy prudente le dije: “Tu no irás más a estos Retiros”. Eran los primeros grupos de oración de la Renovación Carismática que llegaban a Italia. Esta señora obedeció, pero me invitaba a acudir a algunos encuentros de la R.C. para ver ... Una vez me llevó a Roma a un Encuentro. Yo estaba allí como observador. Había cosas que no podía aceptar, por ejemplo: abrazarse, besarse ... Yo expongo mis dificultades porque sé que hay muchos que hoy encuentran las mismas dificultades, sobre todo entre el clero. Entonces me pidieron que confesase. Y escuchando estas confesiones fue mi primer impacto con la gracia. No simplemente las manifestaciones, sino la gracia interior de la Renovación Carismática. Porque había un arrepentimiento que yo raramente había encontrado y se trataba de laicos, de gente muy normal. Me parecía que los pecados caían como piedras de su alma. Había una liberación, una gracia, lágrimas... Yo estaba asustado y me decía a mi mismo: “ No puedes negar que aquí está la gracia de Dios. Éste es el Espíritu que obra, porque solamente Él puede dar una idea, un conocimiento tan claro del pecado, un arrepentimiento tan grande”. Pero todavía estaba en una posición de juez. Juzgaba lo que me parecía bueno, lo que no me parecía bueno. Y los animadores de entonces, los líderes, decían a los hermanos : no vayáis a ese sacerdote porque él es un enemigo de la Renovación Carismática.


Tengo que decir otra cosa. Para mucha gente el primer impacto con la R.C. se manifiesta en lágrimas, para mi fue en una sonrisa. Yo tuve mucha dificultad en reprimir mi risa, pero sentía que era un reír santo, diferente. Era como si Dios me sacudiera, para sacudir el hombre viejo y hacerme salir de mi seguridad, de mi orgullo. Y está fue la primera ofrenda de liberación que el Señor me daba.


Di un curso en la Universidad en aquel momento sobre los movimientos carismáticos proféticos de la primera Iglesia, para intentar comprender algo de esta nueva manifestación en la Iglesia. No me ayudó mucho esta búsqueda científica, pero me sirvió porque me mantuvo en contacto con la R.C.. Ellos me conocían, incluso me invitaban a dar algunas enseñanzas; y yo estaba ahí, atraído, fascinado por lo que veía. Yo me decía a mi mismo: “Esto es lo que pasaba en las primeras comunidades cristianas, tú lo sabes, tú estudias esto y sabes que esto es precisamente lo que pasaba en aquellas primeras comunidades: carismas, profecías, laicos tomando su papel en la vida de la Iglesia, no callando siempre, no sólo hablando el sacerdote...” Algunas objeciones, que yo ponía, fueron encontrando su respuesta. Por ejemplo, para mí era una dificultad ver que si aquello era del Espíritu de Dios porque había algunas cosas que eran claramente carnales y humanas. El Señor me hizo comprender que el don de Dios está siempre mediado por los hombres, la debilidad humana. El carisma de la autoridad en la Iglesia a veces no está ejercitado de manera perfecta porque existe la ambición, el poder y a nadie se le ocurre abolir la autoridad. Lo mismo tenemos que decir de otros carismas : no están empleados de manera angélica pero es la manera de Dios de obrar con medios humildes, pobres y defectuosos.


En 1977 una mujer -notad que hay siempre una mujer como mediadora; y éste es un don de la mujer, ser una ayuda; el hombre debe ser una ayuda también- , una mujer ofreció cuatro boletos con todo incluido para ir a América a un Encuentro Carismático Ecuménico que tendría lugar en Kansas City en los Estados Unidos. Uno de estos boletos se le ofreció a un profesor de teología que después fue nombrado arzobispo de Turín y fue cardenal, ahora jubilado. Pero en el último momento su madre enfermó y no pudo ir. Este boleto llego a mí. Yo me decía: “Será una experiencia más”. Yo tenía que ir a los EE.UU. para aprender inglés y me decía: “En una semana todo habrá acabado y yo iré a mi comunidad capuchina”.


Me fui a este Encuentro. Había 40.000 personas. La mitad católicos y la otra mitad de otras confesiones cristianas, muchos pentecostales, anglicanos y toda clase de confesión cristiana. Y allí yo seguía en esta posición de observador que está interesado con algunas manifestaciones, como la manera de proclamar la Palabra de Dios con tanta unción, pero rechazaba otras expresiones que no entraban en mi esquema mental. Por la mañana cada Iglesia se reunía por su cuenta y por la tarde nos reuníamos todos juntos en un estadio escuchando, cantando ... Hubo una escena que siempre me quedará grabada en la memoria. Una tarde, un líder de la R.C. muy conocido, tomó el micrófono y empezó a hablar de una manera nueva para mí. Él dijo: “Llorad y haced lamento porque el cuerpo de mi Hijo está destrozado. Vosotros, los obispos, llorad y haced lamento porque el cuerpo de mi Hijo está destrozado, vosotros los sacerdotes, los pastores, los laicos...” .


Mientras él hablaba yo empecé a ver la gente que caía a mi alrededor hasta que todo el estadio era una inmensa muchedumbre de gente llorando de arrepentimiento por la división, la discordia entre los cristianos. Y todo esto pasaba y había un gran letrero sobre el cielo, un letrero electrónico que decía: Jesus is Lord -Jesús es Señor-. Me pareció una profecía: La Iglesia, reunida en un lugar, formando un solo cuerpo, todos de rodillas lloramos, pidiendo perdón al Señor bajo el señorío de Cristo. Fue allí cuando concebí este libro, “La vida en el señorío de Cristo” que ahora se titula de forma más sencilla “La vida en Cristo”, porque era el descubrimiento del Señorío de Cristo, de Jesús, el Señor. Era muy extraño porque yo como profesor había estudiado este título: Kirios, Señor. Conocía su importancia; pero me parecía algo nuevo porque para mi el descubrimiento del señorío de Cristo es el alma de la R.C., su fruto más profundo. La experiencia del Espíritu viene sobre los que proclaman a Jesús Señor. Tengo que decirlo con gran vergüenza: no estaba todavía convencido. No era mala fe, sino que, como sacerdote, como hombre de estudio, me sentía obligado a discernir y ser prudente, tal vez demasiado prudente. Había un canto que se cantaba allí que era la historia de Jericó que cae al son de las trompetas. Esta canción cuenta la historia y había un estribillo que repetía: “Jericó debe caer”. Cuando se cantaba este estribillo, imaginad éramos 40.000 personas, mis compañeros italianos me daban codazos y me decían: escucha bien porque Jericó eres tú. Y Jericó cayó. No inmediatamente, no tan fácilmente.


Me invitaron a un Retiro en New Jersey y tengo que comentar la importancia de no criticar a los sacerdotes que tienen dificultades en aceptar la Renovación, sino amarles. Fue el amor que yo encontré en mis hermanos, sobre todo en un joven sacerdote irlandés que trabaja en América, su paciencia, sus cuidados y atenciones. Esto preparó el terreno para mi experiencia. Me fui a esta casa de Retiro, pensando en quedarme allí un día y después irme a mi comunidad capuchina en Washington. Me dijeron quédate aquí. Y empezó una lucha en mí. Yo me decía: “Esta no es una casa de perdición, es una casa de Retiro, si me quedo no me puede hacer mal.. Entonces, ¡me quedo Señor!; te doy esta última posibilidad de convencerme, de hablarme”.


Empecé aquella semana que concluía con el bautismo en el Espíritu. Insisto, compartir mis dificultades puede ayudar a otros. Había todavía en mí una resistencia. Yo me decía: “Soy ya bautizado, sacerdote, religioso. Yo soy hijo de San Francisco de Asís. Tengo a S. Francisco como mi padre. ¿Que más necesito?. ¿Que pueden darme estos hermanos laicos?”. Era una objeción de la carne, del hombre viejo, evidentemente. Y continuaba retumbando en mí esta frase: “Yo soy ya hijo de S. Francisco de Asís, tengo ya una hermosa espiritualidad”. Y mientras yo pensaba esto, una mujer -siempre una mujer- abrió la Biblia y, sin saber nada, empezó a leer. Era el pasaje donde Juan Bautista dice a los fariseos: “No digáis en vuestros corazones: tenemos a Abraham como nuestro padre”. Yo entendí que el Señor me hablaba a mi. Y ésta es la manera del Señor de hablar a través de la Escritura. Estaba claro que el Señor contestaba a mi objeción. Me levanté, no hablaba todavía inglés, hablaba en italiano, pero extrañamente todos parecían entenderme y dije: “Señor, no diré ya más que soy hijo de S. Francisco de Asís porque me doy cuenta de que no lo soy. Te pido a Ti que hagas de mí un hijo verdadero de S. Francisco de Asís y si para eso es necesario someterme al bautismo en el Espíritu, acepto”.


Empecé a prepararme para recibir el Bautismo en el Espíritu. Esta fue la ocasión para mí, como teólogo, de preguntarme qué es este signo del bautismo en el Espíritu de la R.C. . Y lo que percibí en un primer momento es lo siguiente: es una manera de decir a Dios este “si, acepto”, que otros dijeron por mí en mi bautismo. En mi bautismo, la iglesia peguntó: ¿crees en Dios?. Y otras personas -que fueron mis padres- contestaron: si, creo. ¿Aceptas a Jesús como Señor?. Y me di cuenta que ahora había llegado el momento de decir yo en primera persona a Jesús: sí, acepto a Jesús como Señor. También era la ocasión para renovar mi profesión religiosa, mi ordenación sacerdotal, renovar todo por el Espíritu Santo. Después tuve la ocasión de reflexionar sobre el Bautismo en el Espíritu, también he escrito algo en mis libros. Para mí es una gracia de renovación de todo el rito de la iniciación cristiana, el bautismo, la confirmación. Pero es también una gracia extraordinaria que no se puede explicar con las categorías que ya conocemos. Es una gracia, es una respuesta a la plegaria del Papa Juan XXIII que pidió a Dios un nuevo Pentecostés para la Iglesia Católica. El Señor ha contestado y esta gracia es una gracia especial de un Pentecostés renovado para la Iglesia del final del II Milenio y tal vez de todo el III Milenio. Es una gracia especial y esto explica por qué esta gracia del Bautismo en el Espíritu, de un nuevo Pentecostés, no es sólo conocida por nosotros los católicos; también los protestantes la conocieron antes que nosotros y para ellos también es una gracia especial.


La última impresión que recuerdo, en la vigilia de mi bautismo, es que paseaba por el parque y el Señor me habló con una imagen, como muy a menudo el Señor hace. Es una imagen que se forma en mi interior y que es una palabra. Imágenes que son palabras que se graban a fuego en el alma. Es una manera de Dios de comunicarse con sus criaturas. Yo me veía como un cochero que estaba sobre un coche y tenía las riendas del coche. Intenté guiar y decidir si ir rápido o despacio, a derecha o izquierda. Entonces me pareció que el Señor Jesús subía a mi lado y muy amablemente me decía: ¿Quieres darme las riendas de tu vida?. Hubo un momento de pánico porque me di cuenta que esto significaba que si yo daba las riendas de mi vida al Señor, a partir de ese momento yo ya no volvía a ser más el señor de mi vida, el dueño de mi vida. Él sería el Dueño de mi vida. Por gracia de Dios, en momentos como éste se descubre qué es la gracia de Dios. Se descubre lo que dice San Pablo que todo es gracia, que por la gracia somos salvados. Por la gracia de Dios encontré en mi corazón un sí, Señor, toma las riendas de mi vida porque yo me doy cuenta de que no puedo ni siquiera decidir sobre mi vida; mañana podría estar muerto; entonces ... toma Tú, Señor, las riendas de mi vida. Ahora tengo que hacer en voz baja una pequeña confesión pública : muy a menudo, de muchas maneras, he intentado retomar las riendas de mi vida y esto son las debilidades humanas; pero cada vez, el Señor me hace comprender que una vez que se le han dado las riendas no se pueden volver a tomar.


Llegó el momento de esta oración del Bautismo en el Espíritu y había muchas profecías y todas eran sobre un ministerio que era la proclamación del Evangelio. Un hermano -este sacerdote irlandés- decía: “Tu encontrarás un nuevo gozo en tu vida en proclamar MI Palabra”. Ya he dicho que hasta ese momento yo no era un predicador y no sabía qué significaba esta palabra. Se hablaba de Pablo que iba a Antioquia y anunciaba el Evangelio a todas las naciones. Hubo un momento en que me dijeron, ahora elige a Jesús como el Señor de toda tu vida. En ese momento levanté mis ojos y encontré el crucifijo que estaba por encima del altar y otra imagen, otra voz interior: “Yo soy el Señor que estás eligiendo. Yo, el Crucificado”. Esto me ayudó enormemente porque me hizo entender que la Renovación Carismática no es simplemente algo emocional, esa alegría, levantar los brazos... Sí, ésos son signos exteriores de una alegría nueva. Pero lo esencial es que, en la R.C., el Espíritu Santo te lleva al corazón del Evangelio que es la cruz de Jesús; de allí brota el Espíritu como la sangre y el agua.


No hubo emociones particulares durante mi Bautismo en el Espíritu; pero sí la certeza de que algo estaba sucediendo. El día después me fui al aeropuerto para irme a Washington y, en el coche, el sacerdote que me acompañaba me dijo: “ahora escucha bien porque yo pongo una cinta en el cassette y la primera canción es una profecía para ti”. Era un canto que decía: “Que bellos son los pies de los que anuncian el Evangelio”. Ahora, por donde voy en Italia, me cantan este canto porque saben que es mi canción.


Me fui en el avión y sentía que algo había pasado. Y abriendo el Breviario me parecía que los salmos eran nuevos, me hablaban, parecían escritos especialmente para mí ... Y me di cuenta que esto es uno de los primeros signos del obrar del Espíritu Santo: la Escritura se vuelve Palabra viva de Dios.


No podemos descuidar este don magnífico para la Iglesia. La Iglesia en el Concilio ha hablado de la importancia de la Escritura en la Constitución Dei Verbum. Pero la realidad es que los cristianos, los laicos que nunca habían tenido una Biblia, ahora no pueden separarse de su Biblia. Yo he conocido muchos casos conmovedores de la Biblia que habla directamente, ilumina, da fuerza a los cristianos más sencillos.


En una misión en Australia encontré un obrero, un emigrante italiano que estaba allí y que el último día de la misión vino y me dijo: Padre, yo tengo un gran problema en mi familia, tengo un muchacho de once años que no está todavía bautizado. El problema es que mi mujer se ha vuelto Testigo de Jehová y no quiere escuchar hablar del bautismo. Si lo bautizo, habrá una tragedia en mi familia; si no lo bautizo, no estoy tranquilo porque cuando nos casamos éramos los dos católicos. Yo le dije: déjame esta noche para reflexionar y mañana hablamos y vemos qué podemos hacer. A la mañana siguiente este hombre viene hacia mi muy contento y me dice: Padre, yo ya he hallado la respuesta. Me alegré mucho porque yo todavía no lo veía nada claro. Me dice: Ayer por la tarde, regresé a mi casa y me puse a orar y abrí la Biblia y me vino la página donde Abraham lleva a su hijo Isaac a la inmolación y leyendo me he dado cuenta que cuando Abraham llevó a su hijo Isaac a la inmolación no dijo nada a su mujer.


Era una respuesta incluso exegéticamente perfecta. Porque es verdad, los rabinos cuando comentan este pasaje hacen notar que Abraham se calló, no dijo nada temiendo que su mujer le impidiera obedecer a Dios y yo mismo bauticé a este muchacho y fue una gran fiesta para todos.


Conocí en Italia a una viuda que había perdido a su marido muy joven. Tenía tres hijos. Era un matrimonio muy unido y ésta era una prueba terrible. Lo que le ayudó e incluso hizo de esta mujer una evangelizadora, fue la Palabra de Dios, la Biblia. Ella tiene una sensibilidad, un sentido de la Escritura que a mí mismo me asombra. Las primeras semanas sin su marido ella decía que ponía la Biblia a su lado en la cama porque la Biblia se había vuelto su compañero vivo, Dios le hablaba.


Los tres meses que pasé en Washington después de mi bautismo fueron mi luna de miel con el Señor. También nosotros los sacerdotes tenemos nuestra luna de miel. Mi luna de miel duró tres meses. Pero yo siento que la luna de miel -de los casados- no suele durar mucho más. Regresé a Italia y la gente de la Renovación que me había conocido estaba maravillada. Una mujer decía: “Hemos enviado a América a Saulo y ellos nos han devuelto a Pablo”.


Empecé a participar en un grupo de oración en Milán y después de algunos meses ocurrió algo que cambió mi vida. Yo estaba en mi celda orando. No penséis que soy un gran hombre de oración. Deseo, deseo orar. Y a veces incluso me quejé un poco con el Señor diciéndole: “Señor, tu me envías por todo el mundo a hablar de la oración, incluso de la oración trinitaria, ¿por qué no me das una gracia de oración un poco más fuerte, porque mi oración es tan débil, Señor?. Me avergüenzo de hablar a los demás de oración. Y el Señor me contestó de esta manera tan simple: “Raniero, ¿cuáles son las cosas de las que se habla con más pasión y entusiasmo, las que se desean o las que se poseen?. Yo contesté: “Las que se desean, Señor”. “Bien -me contestó el Señor- sigue deseando y hablando de la oración”. Por eso, cuando hablo, siempre me siento discípulo y no maestro. Siempre recuerdo un dicho de los Padres del desierto que decía: “Si tienes que hablar a los demás de algo que tú no vives, algo que no has alcanzado todavía con tu vida, habla; pero haciéndote el más pequeño de todos tus oyentes; habla como discípulo, no como maestro”. Y yo trato de hacer mío este consejo.


Pues lo que pasó en aquel momento de oración fue esto. Tuve de nuevo una imagen interior. Aparentemente nada extraordinario, pero interiormente muy extraordinario. Tan extraordinario que cambió mi vida. Era como si el Señor Jesús pasara delante de mí ... Y no sé por qué, pero reconocía que era Jesús como cuando regresaba del Jordán después de su bautismo y estaba a punto de empezar a proclamar el Reino de Dios; y pasando delante de mí, me decía: “si quieres ayudarme a proclamar el Reino de Dios, déjalo todo y sígueme”. Yo entendí inmediatamente que el Señor quería decir: “deja tu enseñanza, tu cátedra universitaria...”. Yo era incluso director de un departamento de esta Universidad, el departamento de Ciencias Religiosas. “Déjalo todo y vuélvete un simple predicador itinerante de la Palabra de Dios al estilo de tu padre Francisco de Asís”. Yo tuve miedo de no estar lo bastante decidido, porque el Señor invitaba pero parecía tener prisa. No se paraba, era como quien tiene mucho qué hacer. Y de nuevo esta experiencia de la gracia de Dios, al final de la oración encontré en mi corazón un “sí” lleno. “Señor, ¡lo dejo todo!”. La Universidad había instituido esta cátedra especialmente para mí y el Rector de la Universidad era mi maestro, mi amigo. En mi corazón había un “sí, Señor, aquí estoy”.


Me fui a mi superior a Roma pidiendo el permiso para cambiar mi vida. Dejar la Universidad y ser un predicador a tiempo completo. El Superior General era un hombre que murió el pasado mes de Febrero a la edad de 91 años, un santo, un hombre de oración. Tuve la gracia de orar con él las últimas horas de su vida. De San Francisco se decía que no era un hombre que oraba era un hombre hecho oración. Y así era también mi superior.


Este superior a quien yo ya había manifestado mi experiencia del Bautismo en el Espíritu, como buen superior prudente, me dijo: “Esperemos un año y después decidiremos”. Ésta fue la ocasión para mí de descubrir la gracia de la obediencia. Yo había tenido una inspiración clara del Señor que me pedía dedicarme a predicar. Pero ahora tenía que someter mi inspiración personal a la autoridad de mi superior, incluso cuando me decía “esperamos”. Aquí yo concebí un pequeño libro titulado “Obediencia”. Puede ser útil porque, a veces, la gente en la R.C. tiene una inspiración del Señor, se sienten llamados a hacer algo y piensan que esto es suficiente y sin pedir ningún permiso, ni al obispo, o al superior... se lanzan a llevarlo a cabo y nadie puede pararlos. Esto no es bueno, porque siempre la inspiración interior del Espíritu tiene que someterse al discernimiento objetivo de la Iglesia. El Espíritu que te habla personalmente te habla también a través de la obediencia a la autoridad que puede ser: el obispo, el superior, el párroco, el director espiritual... puede ser de diferentes clases. Éste es un criterio muy importante : no podemos actuar simplemente bajo la inspiración personal porque nunca sabremos si hemos acertado o nos hemos equivocado. Si yo hubiera dejado la Universidad simplemente bajo esta inspiración personal, nunca habría sabido si era verdaderamente la voluntad de Dios. La obediencia salvó mi vocación.


Después de un año, no estaba para mí tan claro. ¿Qué voy a hacer ahora?. Yo había pasado toda mi vida en el estudio, en la búsqueda. ¿Qué voy a hacer?. Había un cierto temor. Volví entonces al superior y él con mucha decisión me dijo: “Es la voluntad de Dios. Dirán que estamos locos los dos, tu y yo; pero después de diez años tal vez entenderán”.


El Señor me hizo un descuento. No esperó diez años, fueron menos. Me fui, hice un Retiro en una pequeña casa de capuchinos en Suiza para prepararme. Éste fue el momento en el que el Señor me habló, sobre todo a través de Pablo, en la carta a los Filipenses, cuando Pablo habla de lo que era antes :


circuncidado, de la tribu de Benjamín, fariseo, irreprensible, un hombre perfecto, podía incluso ser canonizado... pero todo lo que yo consideraba una ganancia lo considero una pérdida a partir del momento cuando conocí a Jesús como Señor, y he dejado de lado todo para encontrar esta justicia que viene de la fe en Cristo y todo esto para conocerle a Él y el poder de su resurrección y la participación en sus sufrimientos.


Pero lo que me impresionó más fue precisamente la palabra más pequeña de esta frase Él. Porque cuando Pablo dice -a fin de conocerle a Él-. El pronombre personal en este momento me parecía contener más verdad sobre Jesús que todos los libros que yo había leído o escrito. Porque cuando Pablo dice Él, entiende el Jesús vivo, el Jesús en carne y hueso; no una teoría sobre Jesús o una idea abstracta. Ésta es la diferencia. Conocer a Jesús como Señor significa conocerlo como el Viviente, el que ha resucitado. No un personaje del pasado ... ¡ Él !, a fin de conocerle ¡a Él!.


Yo llevaba un mes en esta casa de retiro y me llegó una llamada de teléfono. Era mi superior general que me decía: “El Santo Padre te ha nombrado predicador de la Casa Pontificia; ¿tienes objeciones serias para renunciar?”. Yo intenté buscar objeciones serias. Pero, aparte del miedo, no encontré objeciones serias. Entonces le dije: “Padre, si esta es la voluntad de Dios, acepto ir”. Tuve que prepararme deprisa porque en un mes tenía que empezar a predicar mi primera Cuaresma al Papa. Y voy a decirles algo de este ministerio. No para hablar de mí mismo sino para hacerles conocer algo del Santo Padre. Algo que nos revela cosas muy edificantes del Papa.


Existe este ministerio que está otorgado a la orden capuchina que se llama el predicador de la Casa Pontificia y esto consiste en que cada viernes por la mañana, en Advierto y Cuaresma, un fraile tiene que dar una meditación al Papa, a sus secretarios, cardenales, obispos de la Curia Romana y los superiores generales de las órdenes religiosas. Son entre 60 y 100 personas. Yo empecé este ministerio y después de 23 años todavía continúo. ¡Veis la paciencia heroica del Papa!. El lleva escuchándome veintitrés años. Fue una gracia del Señor. Me di cuenta que era una providencia para hacer resonar en el corazón mismo de la Iglesia, en esos momentos de gran recogimiento, hacer resonar la gracia del Espíritu que circula en la base de la Iglesia. Y, precisamente, unas de las primeras meditaciones fue sobre el Bautismo en el Espíritu. Hablé con mucha fuerza de que ésta es una gracia para toda la Iglesia. De como es una manera de hacer del cristianismo algo vivo, de renovar la autoridad, la predicación, la liturgia, cada aspecto de la Iglesia. Y me di cuenta de que hablé de una manera muy atrevida. Incluso dije: “ No tenemos que decir de los laicos, ¿qué pueden darnos a nosotros los sacerdotes y a los obispos, estos laicos?. Nosotros hemos recibido la plenitud del Espíritu”. Así les hablé en aquel momento. Porque el Señor puede contestarnos: “Yo también recibí la plenitud del Espíritu en el momento de mi encarnación en María y a pesar de esto me fui al Jordán y pedí a Juan el Bautista, que era un simple laico, ser bautizado”.


Después de la charla yo siempre me encuentro con el Papa en una salita contigua. Y yendo a encontrar al Papa, un cardenal me dijo: “hoy en esta sala hemos escuchado al Espíritu Santo que nos ha hablado”. Y se fue.


El Papa no falta nunca, nunca. El me edifica a mí. Pensad : el maestro de toda la Iglesia que encuentra cada mañana, a las nueve, tiempo de escuchar la meditación de un sacerdote, el último sacerdote de la Iglesia Católica.


A veces, saliendo de la predicación encuentro Jefes de Estado que están esperando para ser recibidos por el Papa y él está allí escuchando a un pobre fraile. Un año -creo que era 1986- faltó dos viernes porque estaba de viaje en América Central y cuando vino, se dirigió derecho hacia mí, pidiendo perdón por haber faltado a dos charlas. A veces yo digo a mis hermanos los laicos: ¿habéis ido a pedir perdón alguna vez a vuestro párroco por haber faltado a la homilía del domingo?.


Recuerdo otra pequeña anécdota. Una vez al año, en viernes santo, la homilía se tiene en la Basílica de San Pedro. Es la única ocasión en la que el Papa preside la liturgia, pero no habla. Se sienta y el predicador de la Casa Pontificia tiene que subir al altar papal y dar su homilía. Y allí está toda la Iglesia, todos los cardenales... Es un momento de gran solemnidad. Me di cuenta inmediatamente que tenía que hablar muy despacio porque el sonido en la Basílica retumbaba. Pero hablando despacio tardé diez minutos más de lo previsto en el programa. Y el responsable del horario del Papa -entonces era un obispo, después fue cardenal; ahora ya ha muerto- estaba muy nervioso y a menudo miraba su reloj, porque el Papa después tenía que presidir un Vía Crucis en el Coliseo. Yo no lo veía. Pero este obispo contó a algunas hermanas al día siguiente que después de la liturgia el Papa lo llamó y le dijo: “Cuando un hombre nos habla en el nombre de Dios, no tenemos que mirar a nuestro reloj”.


Este ministerio de proclamar la Palabra de Dios, en la simplicidad de San Francisco y el poder del Espíritu Santo, me ha llevado por todo el mundo, por muchas naciones. Predicando retiros a los obispos. He predicado este año a todos los obispos de Irlanda. Tengo que predicar en Noviembre de este año 2002 a todos los obispos de Polonia. También en Italia daré un Retiro de sacerdotes. A menudo es la Renovación Carismática la que organiza mis viajes y ofrece la posibilidad de Retiros para el Clero y junto a esto hay un fin de semana para la Renovación.


Queridos hermanos, es un don que la R.C. hace a la Iglesia. Hubo un Retiro en 1995, con ocasión de los quinientos años de la evangelización de América Latina. Fue un largo Retiro en Monterrey (Méjico). Había 1700 sacerdotes y 70 obispos de toda América Latina. Un obispo mexicano dijo: “Si la Renovación Carismática no hubiera hecho nada más que organizar estos Retiros para el Clero, habría ya sido suficiente para la Iglesia”. Muy a menudo, los sacerdotes son renovados en estos retiros. Hay una gracia especial; muchos sacerdotes que habían llegado al retiro invitados y a veces traídos por los laicos, antes de irse daban testimonio de que habían llegado decididos a abandonar el ministerio sacerdotal y ahora regresaban decididos a retomar con más entusiasmo. Era un momento de gran efusión del Espíritu. Yo estaba al lado del altar orando por los demás, y fue en esta ocasión cuando un joven sacerdote se acercó a mí, se arrodilló y muy decidido me dijo: bendígame padre, “quiero ser profeta de Dios”. Yo habría hablado en la homilía precisamente de esto: que el Señor necesita profetas entre los sacerdotes. Especialmente en América Latina, necesita profetas, es decir, personas que permitan a Dios hablar. Este es el profeta. El profeta es uno que se calla. “El profeta verdadero cuando habla se calla”, decía el judío Filón. Porque en este momento no es más el que habla. Había hablado entonces de la necesidad de profetas, y vino este joven diciendo, visiblemente inspirado, “quiero ser profeta de Dios”. Percibí que hablaba en serio. Fue una gran emoción para mí. Y ahora sigo sirviendo al Señor en esta manera, proclamando la gracia del Señor, como ahora. Os voy a decir una última palabra.


Cuando mi superior me permitió cambiar mi vida y empezaba a ser predicador a tiempo completo, en la Liturgia de las Horas -era un 10 de octubre- había un pasaje de Ageo, el profeta Ageo. En el pasaje, cuando después de haber reprochado a su pueblo de cuidar de su casa y no reconstruir el Templo, el pueblo se convierte, empieza a reconstruir el Templo de Dios, y Dios envía de nuevo al profeta Ageo, esta vez con un mensaje de consuelo. Dice ahora: “¡Ánimo, Zorobabel, id al trabajo porque estoy yo con vosotros! –oráculo del Señor-”. “¡Al trabajo, Josué, al trabajo pueblo entero del país porque estoy yo con vosotros! –dice el Señor-”


Después de leer este pasaje en la Liturgia de las Horas, me fui a la plaza de San Pedro. Quería orar un poco a San Pedro para bendecir mi ministerio nuevo. En la plaza de San Pedro no había nadie; era un día de octubre muy lluvioso. Como si la palabra de Dios se volviera viva, mirando hacia la ventana del Papa, empecé a gritar: ¡Ánimo, Juan Pablo II, al trabajo porque estoy yo con vosotros! Era muy fácil porque no había nadie alrededor.


Y después de tres meses, me encontré que estaba frente al Papa, y le dije lo que había hecho bajo su ventana. Y de nuevo proclamé este pasaje de Ageo, pero no como una cita, sino como una palabra viva, en este momento, para el corazón de la Iglesia. Entonces, mirando al Papa, que estaba al lado mío, empecé a decir: ¡Ánimo, Juan Pablo II!, a pesar de que Juan Pablo II es el hombre que tiene más ánimo de toda la humanidad, pero en el Nombre del Señor, ¡ánimo Juan Pablo II, ánimo Cardenales y Obispos de la Iglesia Católica, y al trabajo porque estoy yo con vosotros.


Y siempre cuando el Señor me envía a alguna parte del mundo, repito este mensaje de nuevo como una palabra viva, no como un recuerdo de antaño. Entonces, ahora os digo a vosotros: ¡Ánimo, ánimo sacerdotes y laicos de la Renovación Carismática de España, de la Iglesia de España, y al trabajo porque estoy yo con vosotros! –dice el Señor-. ¡Amén!

sábado, octubre 17

MARÍA NOS ENSEÑA A ORAR

María nos enseña a orar, a hacer de nuestra plegaria un acto de amor a Dios y de caridad fraterna. Al orar con María, nuestro corazón acoge a los que sufren. ¿Cómo es posible que nuestra vida no se transforme de inmediato? ¿Cómo nuestro ser y nuestra vida entera pueden dejar de convertirse en lugar de hospitalidad para nuestro prójimo? Lourdes es un lugar de luz, porque es un lugar de comunión, esperanza y conversión.
Al caer la noche, hoy Jesús nos dice: «Tened encendidas vuestras lámparas» (cf. Lc 12, 35); la lámpara de la fe, de la oración, de la esperanza y del amor. El gesto de caminar de noche llevando la luz, habla con fuerza a nuestra intimidad más honda, toca nuestro corazón y es más elocuente que cualquier palabra dicha u oída. El gesto resume por sí solo nuestra condición de cristianos en camino: necesitamos la luz y, a la vez, estamos llamados a ser luz. El pecado nos hace ciegos, nos impide proponernos como guía para nuestros hermanos, y nos lleva a desconfiar de ellos para dejarnos guiar. Necesitamos ser iluminados y repetimos la súplica del ciego Bartimeo: «Maestro, que pueda ver» (Mc 10, 51). Haz que vea el pecado que me encadena, pero sobre todo, Señor, que vea tu gloria. Sabemos que nuestra oración ya ha sido escuchada y damos gracias porque, como dice san Pablo en su Carta a los Efesios, «Cristo será tu luz» (5,14), y san Pedro añade: «[Dios] os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa» (1Pe 2, 9).
A nosotros, que no somos la luz, Cristo puede decirnos a partir de ahora: «Vosotros sois la luz del mundo» (Mt 5, 14), encomendándonos la tarea de hacer brillar la luz de la caridad. Como escribe el apóstol san Juan: «El que ama a su hermano, permanece en la luz, y no hay nada que lo haga caer» (1Jn 2, 10). Vivir el amor cristiano es al mismo tiempo hacer entrar en el mundo la luz de Dios e indicar su verdadero origen. Así lo dice san León Magno: «En efecto, todo el que vive pía y castamente en la Iglesia, que aspira a las cosas de lo alto y no a las de la tierra (cf. Col 3, 2), es en cierto modo como la luz celeste; en cuanto observa él mismo el fulgor de una vida santa, muestra a muchos, como una estrella, el camino hacia Dios» (Sermón III, 5).
En este santuario de Lourdes al que vuelven sus ojos los cristianos de todo el mundo, desde que la Virgen María hizo brillar la esperanza y el amor al dar el primer puesto a los enfermos, los pobres y los pequeños, se nos invita a descubrir la sencillez de nuestra vocación: Basta con amar.
Mañana, la celebración de la Exaltación de la Santa Cruz nos hará entrar precisamente en el corazón de este misterio. En esta Vigilia, nuestra mirada se dirige hacia el signo de la Nueva Alianza en la que converge toda la vida de Jesús. La Cruz constituye el supremo y perfecto acto de amor de Jesús, que da la vida por sus amigos. «Así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el cree en Él tenga vida eterna» (Jn 3, 14-15).
Anunciada ya en los Cantos del Siervo de Dios, la muerte de Jesús es una muerte que se convierte en luz para los pueblos; una muerte que, en relación con la liturgia de expiación, trae la reconciliación, la muerte que marca el fin de la muerte. Desde entonces, la cruz es signo de esperanza, el estandarte de la victoria de Jesús «porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna» (Jn 3,16).Toda nuestra vida recibe luz, fuerza y esperanza por la Cruz. Por ella se revela toda la hondura de amor que encierra el designio original del Creador; por ella, todo es sanado y llevado a su plenitud. Por eso la vida en la fe en Cristo muerto y resucitado se convierte en luz.
Las apariciones estuvieron rodeadas por la luz y Dios ha querido encender en la mirada de Bernadette una llama que ha convertido innumerables corazones. ¿Cuántos vienen aquí para ver, esperando quizás secretamente recibir alguna gracia; después, en el camino de regreso, habiendo hecho una experiencia espiritual de vida auténticamente eclesial, vuelven su mirada a Dios, a los otros y a sí mismos. Les llena una pequeña llama con el nombre de esperanza, compasión, ternura. El encuentro discreto con Bernadette y la Virgen María puede cambiar una vida, pues están presentes en este lugar de Massabielle para llevarnos a Cristo que es nuestra vida, nuestra fuerza y nuestra luz. Que la Virgen María y santa Bernadette os ayuden a vivir como hijos de la luz para ser testigos cada día en vuestra vida de que Cristo es nuestra luz, nuestra esperanza y nuestra vida.
PARA LEER EL ARTÍCULO COMPLETO DA CLIC A ESTE ENLACE: http://www.alfayomega.es/documentos/032/p9.html

martes, octubre 6

MENSAJE DE DIOS A LA HUMANIDAD

PRIMERA PÀRTE

SEGUNDA PARTE

TERCERA PARTE

CUARTA PARTE

QUINTA PARTE

SEXTA PARTE

SEPTIMA PARTE

OCTAVA PARTE

NOVENA PARTE

miércoles, septiembre 16

PABLO: CEO DE CRISTO

Eficaz. Creativo. Humilde. Sacrificado. Bondadoso. Inteligente. Sabe trabajar en equipo: delega, escucha, anima y exige. Tiene celo. Es un líder.

Estas son algunas de las cualidades que empresas y marcas prestigiosas a nivel mundial buscan condensadas en una persona. En lenguaje empresarial esta figura la denotan como CEO: chief executive officer, y no es poca la confianza que se le deposita.

Un CEO tiene la responsabilidad de conservar y potencializar al máximo la empresa a él encomendada. De él depende, en gran medida, el éxito de la compañía y los miles de trabajadores que con su esfuerzo la hacen grande. Un error suyo puede ser desastroso para las entidades y personas que dependen de él.

San Pablo, en sentido análogo, era el CEO de Cristo. No carecía de las cualidades arriba mencionadas y poseía en gran medida, una a la que no se le da tanta importancia, y que unida a su gran carácter apasionado, le daba una personalidad arrolladora y una fuerza enorme para cumplir su difícil misión. Se trata del celo apostólico.

El celo es sinónimo de laboriosidad, diligencia y eficacia. Se contrapone a la pereza, a la pusilanimidad y al desánimo.

Dicen los expertos en mercadotecnia que el éxito de un buen vendedor de productos estriba en el conocimiento del objeto. Cuanto más se conoce la cosa, más se ama, más se estima. Y una vez conocido se difunde con pasión, con celo.

El secreto del éxito del apóstol de las gentes está aquí. “Todo lo tengo por basura, con tal de ganar a Cristo” (Flp 3,8). Este era su único amor, su única ilusión y su único motor. Tanto es así, que gracias a su colosal esfuerzo y a la gracia de Cristo que lo sostenía, esta gran “empresa”, que es la Iglesia, se sostiene y camina con paso firme después de 2000 mil años.

Desde que san Pablo escuchó la voz de Dios que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hch 26,14) se entregó con un celo apasionado a la extensión del Reino de Cristo en el mundo. No escatimó esfuerzos y los problemas no le amedrentaron. Seguramente hacía eco de aquellas palabras del salmo 69: “Me devora el celo de tu casa, y caen sobre mí los insultos de los que te insultan”.

Las dificultades fueron la constante de su vida, pero la fuerza del amor de Cristo fue el motor de su celo apostólico. Nada lo detenía. Es bien conocido el pasaje de (2Co 11,24-27), donde san Pablo habla de sus pruebas, azotes, naufragios y fatigas. Pero si pensamos bien, se requiere mucho valor para sufrir todo esto y seguir predicando un mensaje que para muchos estaba condenado al fracaso.

Gracias a su celo muchos hombres de su tiempo pudieron conocer el tesoro del cristianismo. Esta certeza no nos puede hacer olvidar que el futuro del cristianismo depende de Dios en primer lugar y, por lo que toca a nosotros, los “san Pablos” de hoy, del testimonio con el que vivamos y transmitamos nuestra fe.

En este mes de junio se concluye el año paulino. La Iglesia, a través del Papa, lo ha presentado como ejemplo de vida y como ideal a imitar. Las virtudes que hemos aprendido de san Pablo en este año paulino no pueden quedar inertes en nuestra memoria. La teoría no tiene ningún sentido si no se pasa a la práctica. Y los cristianos de hoy tenemos una tarea enorme en la evangelización y recristianización del mundo.

“Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Rm 8,31). Terminemos el año paulino con coraje, con pasión, con celo apasionado por la salvación de las almas. Tenemos la mejor garantía de nuestra vida: Cristo. “¿Quién nos hará temblar?”.


¡Vence el mal con el bien!

Tomado de: http://www.es.catholic.net

martes, septiembre 8

FELIZ CUMPLEAÑOS MARÍA

Un día como hoy nació María mi madre, nuestra madre... comparto en su día estas palabras de san Alfonso María de Ligorio gran amante de la madre del cielo o de Corazón de Cielo como le dicen a María en algún lugar de Centro América:


"El Eterno se enamoró de vuestra incomparable hermosura, con tanta fuerza, que se hizo como desprenderse del seno del Padre y escoger esas virginales entrañas para hacerse Hijo vuestro. ¿Y yo, gusanillo de la tierra, no he de amaros? Sí, dulcísima Madre mía, quiero arder en vuestro amor y propongo exhortar a otros a que os amen también"

jueves, septiembre 3

DEMASIADO TARDE PARA AMAR A DIOS


Estaban a la puerta de un templo parroquial. El primer cartel mostraba a un niño gordito, de esos que anuncian alimentos para bebés, y debajo habían escrito: "Demasiado joven para amar a Dios". El segundo presentaba a una pareja de "palomos" recién casados dándose un besito; el correspondiente letrero avisaba: "Demasiado felices para amar a Dios". Le seguía un ejecutivo rodeado de teléfonos y con cara de desarrollar una tarea febril: "Demasiado ocupado para amar a Dios". A continuación, un ricachón gordo, con los dedos de las manos llenos de relucientes anillos de oro y pedrería, un habano en la boca, en el momento de descender de un cochazo de lujo: "Demasiado seguro de sí mismo para amar a Dios". Y finalizaba la serie con una sepultura: "Demasiado tarde para amar a Dios".

DE LA PAǴINA DUDAS Y TEXTOS OPUS DEI ESPAÑA

miércoles, agosto 19

NOSSA SENHORA DE ANGUERA URGENTE

Ya antes se publicó una entrada sobre este fenómeno de nuestro hermano país de Brasil: Ahora los mensajes son más apremiantes publicamos un video y el ultimo mensaje de ayer...

Número:
3.202- Mensagem de Nossa Senhora, transmitida em 18/08/2009
19-Ago-2009

Queridos filhos, confiai plenamente em Jesus, pois somente Ele é a certeza da vossa vitória. Ele é o vosso Deus para sempre e fora d’Ele jamais o homem poderá ser salvo. Peço-vos que continueis a rezar. Rezai pela Igreja. Muitos consagrados serão contaminados. Negarão os dogmas e se afastarão da verdade. Surgirá um homem, aparentemente cheio de virtudes, mas na verdade será um enviado do demônio. Enganará a muitos com sua doutrina, mas encontrará uma grande barreira na força e fidelidade dos Meus devotos e escolhidos. Peço-vos que mantenhais acesa a chama da vossa fé. Quem permanecer fiel será salvo. Esta é a mensagem que hoje vos transmito em nome da Santíssima Trindade. Obrigada por Me terdes permitido reunir-vos aqui por mais uma vez. Eu vos abençôo, em nome do Pai, do Filho e do Espírito Santo. Amém. Ficai em paz.
Para ir a la página oficial de Nuestra Señora: http://apelosurgentes.com.br/

martes, agosto 11

MILAGRO DE GUADALUPE ES INEXPLICABLE

El Dr. Adolfo Orozco, experto investigador de la Tilma en la que está grabada la imagen de la Virgen de Guadalupe que se le apareciera a San Juan Diego hace 478 años, señaló que el extraordinario estado de conservación de esta reliquia sagrada "está completamente fuera de todo tipo de explicación científica".

En su conferencia, que hace parte del Primer Congreso Internacional Mariano sobre la Virgen de Guadalupe que se celebra en Phoenix y que es organizado por los Caballeros de Colón, el experto explicó que "todas las telas similares a la de la Tilma que han sido colocadas en ambientes húmedos y salinos como el que rodea a la Basílica no han durado más de diez años".

Una pintura que copia la imagen de Guadalupe hecha en 1789 confirma este hecho. "Esta imagen fue pintada con las mejores técnicas de su tiempo, la copia era hermosa y estaba hecha con una tela bastante similar a la de la Tilma original. Además, también estaba protegida con un vidrio desde que fue colocada allí", indicó.

Sin embargo, "ocho años después, esta copia tuvo que ser desechada porque estaba perdiendo los colores y las fibras se estaban rompiendo. En contraste –precisa Orozco– la Tilma original ya había estado siendo expuesta por 116 años sin ningún tipo de protección, recibiendo todos los rayos infrarrojos y ultravioletas de decenas de miles de velas que estaban cerca de ella; y estaba expuesta a la humedad y el aire salino que rodea al templo".

Una de las características más interesantes de la Tilma, prosigue, "es que la parte de atrás de esta tela es rugoso y poco liso; mientras que la parte de adelante (donde está la imagen de Guadalupe) es 'tan suave como la seda' como señalaban los pintores y científicos en 1666; y confirmó luego casi cien años después, en 1751, el pintor mexicano Miguel Cabrera".

Tras comentar que la Tilma está hecha de las fibras del Agave, Orozco relató dos hechos milagrosos que tienen que ver directamente con su conservación. El primero ocurrió en 1785 cuando un trabajador accidentalmente derramó un líquido compuesto por 50 por ciento de ácido nítrico en la parte derecha de la tela. "Está fuera del entendimiento natural el hecho que el ácido no destruyera el tejido; y que además no dañara las partes coloridas de la imagen", precisó.

El segundo, dijo luego, se relaciona con la explosión de una bomba cerca de la Tilma en 1921, que ocurrió a 150 metros de la misma y que destruyó todos los vidrios en ese radio. Sin embargo, explicó el experto, "inesperadamente, ni la Tilma ni el vidrio común que la protege fueron dañados o se rompieron". Lo único afectado fue un Cristo de fierro que terminó doblado.

"No hay explicación para el hecho que las ondas expansivas que rompieron los vidrios de 150 metros a la redonda no destruyeran el que cubría la Tilma. Algunos dicen que el Hijo, con el crucifijo que sí fue afectado, protegió la imagen de Su Madre. Lo cierto es que no tenemos una explicación natural para este evento", concluyó.

El Dr. Adolfo Orozco es físico e investigador del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autonómica de México desde 1970. Ha publicado 13 trabajos en revistas internacionales de su área de investigación: rayos cósmicos, geomagnetismo e historia de la ciencia; y ha presentado 42 trabajos en Congresos Nacionales e Internacionales sobre su especialidad. Fue socio fundador y Secretario General del Centro Mexicano de Sindonología de 1983 a 1998, que dirige desde 1999. Es miembro del Instituto Superior de Estudios Guadalupanos, desde septiembre 2004.

Gracias a: http://www.aciprensa.com

sábado, agosto 8

YO TAMBIÉN....

Voy a seguir creyendo, aún cuando la gente pierda la esperanza, y me hayan lastimado duramente…

Voy a seguir dando amor, aunque otros siembren odio, no quieran recibir mi amor por ellos, me engañen y me mientan….

Voy a seguir construyendo, aún cuando otros destruyan…

Voy a seguir hablando de Paz, aún en medio de la guerra, porque la fuerza más poderosa es el amor…

Voy a seguir iluminando, aún en medio de la oscuridad, para ayudar a otros a ver el camino…

Voy a seguir sembrando, aunque otros pisen y estropeen la cosecha…

Voy a seguir gritando, aún cuando otros callen, gritaré para defender los derechos de cada ser humano, porque todos, todos, somos creación de DIOS…

Voy a seguir dibujando sonrisas en rostros con lágrimas, para que se transformen en perlas de felicidad…

Voy a transmitir alivio, cuando vea dolor tan sólo por amor…

Voy a regalar motivos de alegría, donde sólo haya tristezas para que todos puedan ser cada día un poquito más felices…

Voy a derramar Fe a los que se quedaron atrás y levantaré los brazos de los que se han rendido…

Porque en medio de la desolación, siempre habrá un niño que nos mirará esperanzado, esperando algo de nosotros y es en ese momento cuando debemos demostrar que se puede…

Porque aún en medio de la tormenta, por algún rinconcito sale el sol y aún en medio del desierto crece una planta, simplemente para demostrarnos que para Dios nada es imposible ni definitivo.

Siempre habrá un pájaro que nos cante, un niño que nos sonría y una mariposa que nos brinde su belleza.

Pero si algún día ves que ya no sigo, no sonrío o que me callo, quizás es porque la vida me ha abofeteado demasiado fuerte y he quedado mal herido. Acércate y dame un abrazo o regálame una sonrisa, con eso será suficiente.

“NO VAYAS POR DONDE EL CAMINO TE LLEVE,
VE POR DONDE NO HAY CAMINO Y DEJA -TU- PROPIA HUELLA".

Tomado de: Mensaje Centro Medjugorje España. Grupo facebook

martes, julio 14

UN PASATIEMPO SANTO

Las tardes de verano (¡y las de invierno también!) pueden volverse muy interesantes y enriquecedoras si desconectamos la televisión y hacemos caso a un valioso consejo de la Gospa: ¡el de compartir algún texto bíblico en familia! Poco a poco, nuestros corazones se irán transformando en ascuas ardientes. ¡Es una de las mejores maneras de “llenarse del Espíritu Santo” que, según san Serafín de Sarov, es el propósito de nuestra vida cristiana!

Para ello, es bueno hacer uso de la imaginación, según el nivel de conocimientos bíblicos que posea cada familia: quien esté más familiarizado con la Biblia, que recorra algunas páginas del Evangelio o de los Hechos de los Apóstoles, y extraiga varios detalles, palabras y circunstancias, para formular luego preguntas y preparar así un test o certamen bíblico.

A la tardecita, cuando la familia se reúna, dichas preguntas serán formuladas y servirán de disparador para enriquecedores intercambios sobre la Palabra de Dios, en los que cada quien podrá expresarse con total libertad. ¡Así fue cómo la Gospa hizo conocer y amar la Biblia a los jóvenes del grupo de oración en Medjugorje!

A continuación encontrarán algunos ejemplos de preguntas. Les sugiero que comiencen con éstas, y luego continúen redactando sus propias preguntas ¡Jueguen limpio! ¡Primero, intenten responderlas ustedes mismos, y recién después verifiquen las respuestas en las citas que figuran entre paréntesis!

A) Nombra seis de las siete acciones que el Buen Samaritano realizó cuando vio al hombre a mitad muerto entre Jerusalén y Jericó (ver Lucas 10, 29)

B) Nombra cuatro de las cinco profecías sobre Jesús que el Arcángel Gabriel manifestó a María en el momento de la Anunciación (Lucas 1, 30)

C) Nombra tres gestos de la mujer pecadora para con Jesús, que el fariseo no había realizado al acogerlo en su casa. (Lc 7, 38)

D) Jesús preparó una comida para sus apóstoles a orillas del lago de Tiberíades, después de su Resurrección. ¿Qué les preparó? (Jn 21, 9)

E) Nombra al menos un pasaje donde Jesús en persona habla sobre Noé, Abrahám, Moisés, Elías, David, Juan Bautista…..(Noé, ver Lc 17, 26 – Abrahám, ver Mt 22, 32 – Moisés, ver Mt 19, 8 – Elías, ver Lc 4, 25 y Mt 17, 11 – David, ver Mt 17, 11, etc. – Juan Bautista, ver Lc 7, 28)

F) ¿En qué circunstancia Jesús menciona al buey, al asno y al pesebre? (Lc 13, 15)

G) ¿Cuáles son los dos apóstoles a quienes Jesús mandó a la ciudad para que preparasen su última Pascua? (Lc 22, 8)

H) ¿Cuáles son los cuatro signos nombrados por Jesús (después de su Resurrección) que acompañarán a quienes crean en Él? (Mc 16, 17)

I) Cita las siete Palabras de Jesús sobre la Cruz (Jn 19, 26-28; Lc 23, 34; Mc 15, 34)

Familiarizarse la Palabra de Dios, implica familiarizarse con la Verdad ¡Y esto es precioso para nosotros en el mundo de hoy! ¿Qué opina Dios sobre tal o cual aspecto de la vida humana? ¿Cuál es su opinión sobre el dinero? ¿Sobre el aborto? ¿Sobre los niños? ¿Sobre el sufrimiento? ¿Sobre el trabajo? ¿Sobre la amistad?

Leer la Palabra, volverla a leer dejándola decantar en nuestro interior es permitir que la Luz verdadera vaya penetrando en nuestros corazones y vaya haciéndose carne en nosotros; ¡es abrirse a la verdadera sanación del corazón! ¡Si vivimos realmente estas luces de salvación y las transmitimos a nuestros hijos desde su más tierna infancia, la paz y la alegría volverán a resurgir en nuestros hogares! Debemos tan sólo decidirnos. ¡Con Dios, todo es muy sencillo! ¡Espera que demos el primer paso hacia Él, y luego Él mismo se ocupa personalmente del resto!

Tomado de:
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miércoles, julio 1

ITALIANA QUE HABLA CON LAS ALMAS

Por Malena Martínez y Adolfo Vázquez

Desde hace algo más de veinte años Dios la ha elegido para dar testimonio de la realidad de la vida eterna y estudiosos de dilatada experiencia nos hablan del carisma de la Comunión de los Santos: Mirella ve y escucha a las santas almas del Cielo y del Santo Purgatorio, a los ángeles, a la Virgen Santísima y a Jesús; y nos transmite sus mensajes llenos de paz y consuelo para fortificarnos en la fe, alentar nuestra esperanza, y encender la caridad.

Mirella Pizzioli es una señora italiana, casada con el Sr. Bruno Migani, y vive actualmente en el bonito pueblo de Santarcángelo di Romagna, cien kilómetros hacia el este de la ciudad de Bolonia. Es una mujer afectuosa, agradable y cuesta muy poco entablar con ella una sincera amistad.

No nos extendemos con más datos porque queremos compartir sus respuestas a muchas preguntas e inquietudes que llevamos hasta su propia casa, donde nos atendió con gran amabilidad.

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-Mirella, ¿puede decirnos algo sobre usted y si ha encontrado algún motivo por el cual Dios la ha elegido para esta misión tan sorprendente?

No lo sé. Muchas veces me han hecho esta pregunta y he llegado a pensar que tal vez Dios me eligió porque no tengo nada de particular. Soy una mujer casada, y he trabajado toda la vida junto a mi marido en un comercio en Rímini. No tuvimos hijos, y llegada la edad de jubilación para mi esposo nos hemos venido a este bonito pueblo, donde vivimos sin el bullicio de la ciudad y a su vez podemos estar cerca de nuestros familiares y de nuestros amigos.

-¿Cómo fue su infancia, su juventud? ¿Nos cuenta algo sobre ello?

Sí, claro. Mi familia estaba formada por mi padre, mi madre y tres hermanos. Siempre hemos estado muy unidos. Yo soy la mayor, luego una hermana y por ultimo vino el varón. Por razones laborales de mi padre emigramos durante quince años y vivimos en Marruecos y en España. Tenía seis años cuando marchamos y cuando volvimos tenía veintiuno. Tengo hermosos recuerdos de aquellos años. Y es por ello que hablo sin grandes dificultades el español y el francés.

-Y de sus estudios, ¿Cursó alguna carrera universitaria?

No, tengo los estudios primarios y luego hice cálculo mercantil. No sé como se llama ahora, pero tengo el diploma español en cálculo mercantil.

-Mirella, sabemos por otras entrevistas que le han hecho que le cuesta contar como comenzó esta historia, pero le pedimos que haga otra vez un esfuerzo…

Es que todo comenzó poco tiempo después de la muerte de mi madre y los recuerdos de aquellos días siguen siendo muy vivos para mí. Pero también sé que muchas personas podrán comprenderme, porque quienes hayan sufrido esta perdida conocen por experiencia lo que se siente.

Mi madre dejó la tierra luego de una enfermedad que la tuvo paralizada en la cama durante largos meses, pero murió con gran serenidad. Yo había rezado mucho por mi mamá, pero sentía como que el Cielo no me respondía, todo era en vano; Dios la llamaba para sí.

Pasó algún tiempo, y a medida que el dolor agudo se iba calmando, aparecía el dolor sordo de tener que resignarse, y me asaltaban las mil preguntas típicas: ¿cómo es posible que nunca más?, ¿cómo es posible que mi mamá, que tanto amó y se desvivió por nosotros, sus hijos, no nos dé ninguna señal de su vida eterna? De alguna manera yo deseaba saber que seguía estando junto a nosotros, que no nos había abandonado para siempre.

Un día cualquiera, luego de volver a casa después de unas compras, tomé instintivamente un lápiz y en un papel dibujé una flor. Y simultáneamente escuché la voz clara e inconfundible de mi mamá que me decía en nuestro dialecto italiano: yo no se dibujar, sólo se hacer esta pequeña flor.

Y era verdad que mi mamá no sabía dibujar, y siempre lo decía. Sólo sabía hacer esa pequeña flor. Solté el lápiz y el papel inmediatamente y me fui rapidísimo para la cocina. No recuerdo si me puse a cocinar o que hice y ni si comí o no comí.

Esta fue la primera manifestación del Cielo que tuve.

-¿Cómo continuó todo?

No recuerdo bien la sucesión exacta de los hechos, pero lo que había deseado saber sobre mi madre, ya no lo quería. Era algo enorme lo que me sucedía: por una parte me asaltaban inquietudes y dudas atroces; pero a su vez escuchaba voces muy dulces y suaves que me invitaban al recogimiento, a la oración y me dejaban con una hermosa sensación de paz. Repentinamente me invadían perfumes muy delicados que no podían venir de ninguna parte y más tarde empecé a ver…

-¿Recuerda la primera vez que vio?

Sí, y fue al Santo Padre Pío… No me parecía posible que a una persona simple como yo se le pudieran mostrar criaturas del Cielo.

-¿Y que hizo?

Al principio lo guardaba todo para mí, pero llegó un momento que debía contar lo que me estaba ocurriendo. Y lo manifesté a mi familia. Mi padre me puso en contacto con un sacerdote que él conocía y comenzaron a examinarme.

-¿Puede contarnos algo sobre ello?

Primero fue un sacerdote, pero luego me examinó un Obispo en Roma que ha sido nuncio apostólico en mas de veinte países. Y llegaron a la conclusión que nada era contrario a la Fe y que debía seguir adelante con esta misión. También desde el punto de vista médico y psicológico: la Doctora María Ferrari, psicóloga y catedrática me vio en muchas ocasiones y su diagnóstico fue favorable hacia mi persona: en mi último libro se publica su testimonio. Y por supuesto la constante investigación de mi director espiritual que me guía y yo obedezco siempre.

-¿En Roma saben algo sobre Usted?

Sí, el Papa Juan Pablo II tenía mis libros. Y al actual Santo Padre, Benedicto XVI, podré verle Dios mediante en audiencia privada. Una amiga mía, que es alemana y le conoce desde hace muchos años solicitó una entrevista y yo iré junto con ella. Aguardo ese día con mucha ilusión, porque como el Papa Juan Pablo II pasó tanto tiempo enfermo, la agenda Vaticana quedo muy atrasada y es necesario esperar.

-Mirella, pasemos ahora al don: ¿Cómo lo vive?

Siempre pido que no me llamen vidente o carismática, porque yo solo veo lo que Dios quiere y todo sucede con naturalidad para mí. Por lo tanto ver no es ninguna tarea. Prefiero que me refieran como un instrumento de oración, porque es esto lo que hago y en esto yo me reconozco: rezar siempre por todos y con todos los que llegan hasta aquí.

-¿Podría describirnos como ve a Nuestro Señor y a la Santísima Virgen?

Jesús se manifiesta a mi lado, sentado, y me habla, me da fuerzas, me consuela, me guía y ordena. La Santísima Virgen siempre de pie, viene con un vestido de color rojo intensísimo, tanto que no se explicar y siempre como una madre preguntando por sus hijos: ¿y mis hijos, Mirella?... ¿y mis hijos?... (Mirella se emociona).

-¿Puede contarnos también algo sobre cómo ve y escucha a las almas?

Las veo con mucha claridad y nitidez. La mayoría de las veces son almas del Cielo las que se manifiestan, están siempre colmadas de felicidad y resplandecientes, y se me muestran suspendidas en el aire. Las almas del Purgatorio se muestran sufrientes, arrastrando alguna carga pesada, con los pies sobre el suelo y esperando recibir el alivio que pueda proporcionarle nuestra ayuda para llegar al Cielo.

Cuando me hablan las escucho igualmente con gran nitidez. Y lo que me dictan las almas lo transcribo en un papel y se lo entrego a los familiares u otros seres queridos que han venido hasta mi casa.

-¿Cómo reacciona la gente?

Con sorpresa, con emoción, muchas veces rompen a llorar. Son momentos donde siempre se comprueba la gran ternura que encierra el infinito amor de Dios. Se abren los corazones y las lágrimas empiezan a brotar… las personas se sienten amadas por el Señor.

-¿Todos le creen?

La mayoría sí, e inmediatamente. El mensaje habla de Dios, de la Virgen Santísima, de los Santos Ángeles, del Cielo, de las maravillas infinitas de la vida eterna, pero también trae consigo particularidades de la persona que ha dejado la tierra. Suelen ser signos simples pero muy evidentes para ellos y que yo no puedo saber de ninguna manera porque recién acabo de conocerlos. A veces ha ocurrido con alguna persona que no ha creído en ese momento lo que me había sido dicho por las almas, pero después de un tiempo lo recuerdan y me llaman por teléfono: ¡Oh Mirella! ¡Oh Mirella!, ¡es verdad! ¡es verdad!...

-Mirella, esto es muy fuerte y comprenderá que a muchas personas les podría dar miedo venir a su casa. ¿Qué les diría?

Yo les propongo que a esta pregunta la respondan las mismas personas que vienen aquí.

“Durante el transcurso de una reciente entrevista Mirella ha visto a nuestro lado a nuestra abuela, a una tía, y a uno de nuestros padres. Nos los describió con detalles inconfundibles para nosotros; y nuestra tía, luego de hacerse reconocer por sus características personales nos invitó a que practicáramos obras de misericordia porque glorifican a Dios y son de gran valimiento para nuestra salvación. Vivimos estos momentos sin ningún temor, y quedamos con grandísimo consuelo. Que para siempre sea nuestro agradecimiento a Dios por tanta piedad que tiene con sus hijos y también a Mirella, quien con libre voluntad colabora con Nuestro Señor Jesucristo en esta obra de su Amor por los hombres.”

-Nos dice que las almas del Cielo están felicísimas y no necesitan nada. Pero las del Purgatorio esperan nuestra ayuda. ¿Qué podemos hacer nosotros?

Con nuestra continua actitud de amor, de recuerdo y de perdón podemos abreviar su purificación y hacer que lleguen más pronto al Cielo: ofrecerles Santas Misas, también obras de misericordia, y oraciones, oraciones, muchas oraciones. El Santo Rosario les proporciona gran alivio. Ellas se me muestran con una sed de amor abrasadora y nuestra oración es como un vaso de agua fresca.

-Y nosotros que aún estamos en la tierra, ¿podemos pedirle ayuda?

Si, por supuesto. Cuando yo necesito una gracia muy grande la pido a las almas del purgatorio, porque pienso que Dios no le niega nada a un hijo suyo que solo desea amarle y se encuentra en ese estado de sufrimiento y contrición. Y ellas tienen gran alegría en poder ayudarnos.

-Una última pregunta sobre el Purgatorio: ¿Cómo entender, si es que se puede, que Dios en su infinita misericordia permita el purgatorio para unas almas que sólo sufren por llegar a Él?

Miren, me atrevo a decir que creo que el Purgatorio es una de las mayores obras del amor de Dios para con los hombres. Habiendo dejado la tierra, las almas me dicen: ahora veo, sé, comprendo… Todo le es totalmente claro. Viéndose a sí mismas con todas sus faltas y con verdadero arrepentimiento, son ellas mismas las que quieren y desean afrontar la purificación que necesitan para llegar al Cielo.

Sufren muchísimo, así se me muestran, pero también es verdad que dentro de ese inmenso sufrimiento encierran un inmenso gozo: la certeza total de su encuentro definitivo con Dios.

A veces las almas me lo explican con este ejemplo: es como amar intensamente a una persona que está en un lugar lejano y que sabes que también te ama. Sufres por estar separado y por no estar suficientemente preparado para ese amor que te espera, pero también el conocimiento absoluto que un día te unirás a ella por toda la eternidad te da la alegría enorme que sientes.

- Mirella, ¿se le han manifestados almas condenadas?

Sí, pero por favor, no presupongan que sea frecuentemente. Sólo algunas veces, gracias a Dios.

- ¿Le dicen algo?

En alguno de mis libros se cuenta la experiencia. Son almas que nunca, nunca quieren que rece por ellas. Ofrecerle oraciones es un acto de amor y ellas lo rechazan porque le aumenta su tormento. –Andaré errante, errante para siempre- me dicen. Todo es odio, es espantoso.

-¿Qué quiere decir errante?

No lo sé. Yo sólo transmito, no pregunto nunca a las almas que me hablan.

-¿Entonces el infierno y Satanás y sus secuaces existen?

Sí, existen.

-¿Y nos puede decir algo sobre la tendencia moderna a negarlo o al menos a no hablar de ello?

Es un grave error. El infierno es un dogma de Fe. Allí cayeron los ángeles rebeldes y es una realidad.

-¿Y quien puede caer en el infierno?

Quien quiere ir allí. Sí, quien con libre voluntad y total conciencia rechaza absolutamente a Dios. Dios no obliga a nadie.

-A lo largo de los años con esta misión ¿va observando conversiones y la gente se acerca a Dios?

Si, claro. Con esta obra, y con muchas otras obras Dios siempre nos está llamando. Sus medios son infinitos. Veo conversiones siempre y me dan ánimo para seguir adelante.

-Y debido a estas conversiones, Satanás y sus secuaces deberán estar muy rabiosos, ¿no la atacan?

Si, lo hacen. Casi siempre no son más que amenazas. Y no los veo con frecuencia. Pero están. Están siempre están al acecho en todas partes.

- ¿Cómo se defiende, y que consejo nos daría?

Como nos ha enseñado desde siempre nuestra Santa Madre Iglesia.

Debemos vivir en gracia de Dios. Tratar de ser buenos, cumplir los mandamientos: los mandamientos son buenos no sólo porque Dios los ha dado, sino que porque son buenos Dios nos los dio. Son buenos para nosotros. Contamos con el Santo Sacrificio de la Misa, la confesión, la comunión, el Santo Rosario, con la Pasión y Muerte de Jesús, la intercesión poderosísima de María Santísima que es también madre nuestra; la ayuda constante de nuestro ángel de la guarda, la protección de los ángeles, los santos, las almas del purgatorio y todos nuestros seres queridos que ya pueblan el Reino de los Cielos. Y por supuesto también con el uso de los sacramentales: el agua bendita, el óleo bendito, la sal exorcizada. Tenemos una inmensa y valiosísima protección, pero hay ponerla en práctica.

-Bien Mirella, y volviendo a su misión con la gente, ¿Cómo llegan las personas hasta usted?

Muchos vienen personalmente y a veces desde países muy lejanos. También me escriben por correo normal o correo electrónico. Y por teléfono, al cual siempre estoy atenta.

-¿Hay en general algún motivo por el cual la gente acuda en búsqueda de ayuda?

Las situaciones son muy diversas, pero siempre, siempre es por dolor. Yo paso todo el día con gente que está sufriendo mucho: las escucho, rezo y transmito lo que para el caso me muestren las criaturas del Cielo.

-Mirella, entre las personas que acuden a su casa ¿también hay enfermos?

Sí, y normalmente son muchos. Después de unos años de las primeras revelaciones, Nuestro Señor me encargó que orara por ellos: “te pido que me pidas por los enfermos”. Y permítanme decirles que es algo que hago con grandísima devoción. Y experimento un inmenso gozo al ver las gracias, que con tanto amor, el Señor concede.

-¿Pero todos se curan?

Todos reciben alivio espiritual. Y muchos, muchos se curan. Algunos en forma repentina y otros de a poco. Son muchas las gracias que Dios nos concede cuando le pedimos con Fe, con humildad. En los Santos Evangelios tantas veces dice el Señor: “ vete… tu Fe te ha sanado”.

- ¿Siempre ve?

Si, siempre Dios me muestra algo. Aunque no todo lo que se me manifiesta es para que lo diga, sino para que yo comprenda y rece por esas personas.

-Mirella, ¿usted sufre, se cansa?

Si claro, sufro y sobre todo al ver sufrir a tanta gente, de todas las edades, de tantas nacionalidades. Nadie escapa al dolor y a las miserias humanas. Y yo estoy todo el día frente a ellos.

Cansancio también, porque mis días son muy largos con mucha gente, muchas cartas, muchas llamadas telefónicas. Y también debo atender mi casa, a mi esposo que tanta paciencia me tiene, en fin, como la vida de cualquier persona. Pero debo decirles que Dios siempre me da fuerzas para cumplir con esta tarea en la medida de mis posibilidades.

-Sabemos que la llaman con frecuencia para dar conferencias. ¿Nos cuenta algo al respecto?

Siempre tengo que estar dispuesta para dar testimonio de la realidad de Dios y sobre la vida después de la vida terrenal, porque esta es mi misión. Y las conferencias son una oportunidad de llegar a mayor cantidad de personas para trasmitirles esta verdad. Entonces desde donde me llaman, hago todo lo posible por ir.

-¿Y como se organizan?

De distintas maneras. A veces es una sola persona pudiente quien se encarga de todo, otras son grupos de gente que se ponen de acuerdo y hacen todo lo necesario para que yo pueda viajar. Es que sería imposible para mi poderme pagar tantos viajes y hoteles. Yo se los digo con sinceridad y ellos lo comprenden, así como también que nunca viaje sola a lugares tan lejanos y extraños para mí. Siempre me acompaña una amiga o un familiar.

-Mirella, con respecto a esta enorme y sorprendente revelación del Cielo, ¿que les diría a las personas que leerán este libro?

Que lo lean con detenimiento porque son mensajes para meditar. Por tratarse de la vida del mundo futuro, donde todos tenemos algún ser querido que ya ha dejado la tierra, se tiende a leerlo con tanta curiosidad que a veces no se presta atención a la esencia de todo lo que el Cielo nos enseña en estos tiempos difíciles. Son designios de Dios para estos tiempos. Me ha llamado gente que me dice: “en una segunda lectura he descubierto cosas que quitan la desesperación”. Y que sepan que en los libros figura solo una parte extremadamente mínima de todo lo que Dios ha hecho por el bien de las almas. Los testimonios que aquí están publicados no son más que un brevísimo resumen.

-Y para quienes puedan dudar de esta experiencia tan inhabitual de Fe…

Aquí les respondo con palabras de Jesús: “permito a las criaturas terrenales que ya pueblan mi Reino llegar a ti, para vuestra conversión. Y para que luego no puedan decir… yo no lo sabía...”

Es una obra de evangelización para estos tiempos difíciles.

-Y terminando, le pedimos algún consejo que pudiera brindarnos luego de tantos años con este don y este trabajo que el Cielo le ha encomendado.

Debemos abrir nuestro corazón a Dios y no temer nunca – así lo pide siempre el Señor- y con gran confianza dejarnos guiar por su mano providente. Los humanos somos pobres, muy pobres, pobrísimos, pero tenemos un Padre rico, muy rico, riquísimo, que ama a cada uno de nosotros, sus hijos, con un amor que no conoce fin.

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