| Domingo de Ramos |
En este libro que trata de la oración, de la perseverancia, del abandono en
las manos de Dios, de las gracias que él da y de cómo acceder a la cámara donde
está tan gra Rey, claro está luego de pasar del foso que nos separa del
castillo y de ingresar en él a fuerza sobre todo de amor. Para entrar al
castillo hay que pasar por 6 moradas hasta llegar a la definitiva y última
donde ocurre la más intima unión que con Dios se puede tener sobre la tierra y
donde el alma desea morir y seguir viviendo para gustar las dulzcedumbres que
allí suceden.
Pasemos a dar una corta ojeada a lo que en cada
morada se acontece:
Primera:
Allí se encuentran las almas que aunque ya no tienen pecado mortal están
envueltas en miles de quehaceres y preocupaciones que Teresa llama sabandijas
que si no huímos de ellas nos pueden morder e impedir el paso a la siguiente
morada la recomendación es perseverar en la oración y alejarse de las ocasiones
de caída siendo precavidos y prudentes.
Segunda:
Son las almas que ya ha llamado el Señor y aunque aún sufren pequeñas
derrotas no se desaniman y sus deseos de seguir son grandes y parece que
sienten la ayuda de su Señor.
Tercera:
Hay que hacer penitencia para evitar los pecados veniales, hay que orar y
recogerse con gran valentía y buscan aún a Dios por sus regalos pero sienten
aún algún apego por el mundo.
Cuarta:
Se sienten llamadas por un deseo interior y crecen en virtudes sobre todo
la humildad se gozan del Señor por la oración y aún en su cuerpo ya sienten
algo de dichas.
Quinta:
El Sabio instruye ocupando las potencias del alma (inteligencia, memoria y
voluntad) y es él quien otorga toda la gracia a las almas con las que quiere
unirse plenamente.
Sexta:
Aunque hay gran experiencia sobrenatural también hay un dolor pero que es
purificante y luego vienen cosas que no se pueden expresar con lenguaje humano,
sólo el alma quiere amar y aunque la experiencia dure tan sólo como un
relámpago deja excelentes resultados en
el alma.
Septima:
Ocurre el ingreso a lo mas íntimo del alma donde habita el rey y el alma se
hace una con él sin perder su identidad lo que algunos maestros llaman
deificación y los efectos que produce son maravillosos como una gran paz
interior que no se pierde, mucha paz cuando se es perseguido, grandes deseos de
ver al Rey y de que sea conocido, desprendimiento de todo para estar a solas
con él, entrega total de la vida a Cristo.