La Madona Negra
El famoso icono, que llegó a Czestokowa en 1832, tiene una larga e importante historia en la piedad de Polonia.
Podrán preguntarse ustedes ¿por qué, entre los mil rostros de María, he escogido éste como final?
La razón es muy sencilla. Hoy los documentos de la Iglesia hablan sin cesar de inculturación. Este ha sido el tema de las asambleas generales de muchas comunidades misioneras. La fe cristiana es muy maleable y la imaginación cristiana muy creativa. Por eso, la devoción mariana se ha inculturado innumerables veces en un sin fin de culturas. Recientemente, en nuestro Seminario de Java he visto una pintura que representaba a una Virgen María de Indonesia. He visto Vírgenes chinas, filipinas, africanas. Todos hemos visto Nuestra Señora de Virgen de Guadalupe y quizá otras muchas Vírgenes latinoamericanas.
En todo esto hay algo asombrosamente paradójico. A nivel intelectual sabemos que María era una mujer pobre judía. No era negra, ni tenía tampoco rasgos chinos o indios. Por supuesto sabemos también que no llevaba las magníficas ropas europeas con que Murillo o Lippo Lippi la han representado. Sus rasgos eran muy semejantes a los de las mujeres judías o palestinas que viven hoy en esa región. Sus vestidos eran los de los pobres. Todo esto lo sabemos. Pero la imaginación popular ha querido siempre hacer a María más y más cercana a nosotros; y le ha adjudicado los rasgos de la comunidad creyente. Ella es nuestra Madre, por ello al negro le ha gustado verla negra; al indio le ha gustado verla india; al europeo, europea; al chino, china; al mexicano, mexicana. Octavio Paz se expresó así en una ocasión: “Nuestra Señora de Guadalupe ha sido un signo en el que cada época y cada mexicano ha leído su destino”(16). " Los mexicanos la llaman “La morenita”, un término afectuoso hacia la Virgen Morena, a la que tanto aman".(17)
Esta “María multi-cultural”se inspira especialmente en las palabras de la Esposa del Cantar de los Cantares: “Soy negra y hermosa"(18). Este tema floreció en África del Norte y en Etiopia, así como en Asia Menor; también hay Madonas negras en Francia, Brasil y en otros muchos países. La más famosa “Madona negra”, el célebre icono de Jasna Gora, en Czestochowa, se ha convertido en símbolo central de la devoción popular de Polonia. Curiosamente, el rostro ennegrecido de la Virgen, en este icono ha sido el resultado del humo, y no del color de la piel, pero para los polacos este color es el símbolo de los sufrimientos que María soportó de manera heroica, esperando contra toda esperanza. A causa del atractivo universal que María suscita, se ha convertido en una potente fuerza de inculturación(19) litúrgica y artística, al adoptar de manera natural los vestidos y el color de la piel de los indígenas.
¿Qué podríamos aprender de este quinto rostro de la Virgen? Podemos aprender a ser creativos y sensibles ante las diferencias cultuales. San Vicente de Paúl escribió en una ocasión “En esas pobres gentes se conserva la verdadera religión” (20). La forma de su religión es mucho menos cerebral que la de los teólogos. Por supuesto, la religión popular tiene el peligro de los abusos, pero también puede hacerlo mi teología. Los pobres sienten espontáneamente lo importante que es la inculturación. Reconocen que lo esencial no es que María haya vivido en el territorio de Israel moderno y que el color de su piel fuera semejante al de las gentes del Próximo Oriente actual. Lo esencial es que Ella fue una de nosotros (y este “nosotros”, significa europeo, o africano, o filipino o chino); que respondió afirmativamente y con todo su corazón a la llamada de Dios; que Dios tomó posesión de su vida naciendo de su carne, y que ella permaneció firme en la fe a través de las alegrías y las penas de la vida. La Madona Negra —y muchas otras Madonas semejantes— facilitan a muchos el ver la historia de María como aplicable a cualquier tiempo, a cualquier lugar o a cualquier cultura.
Ofrezco estos cinco rostros de María como un modo de reflexionar en la riqueza, la variada tradición que rodea a María. En conclusión, digo a los lectores lo que Jesús dijo al discípulo amado:(21) “Ahí tienes a tu Madre”. He ahí su rostro, y permítanle que les hable.
P. Robert P. Maloney, CM.
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