lunes, marzo 30

METANOIA: TRANSFORMACIÓN O MUERTE

Hola queridos lectores hoy les peresento unos videos del ya conocido Ricardo Castañon Ph. D. subidos en youtube por el Apostolado de la Nueva Evangelización ANE del cual copie la introducción y los valores que los rigen para que se ubiquen de qué se trata esta organización dentro de la Iglesia Católica.

INTRODUCIÓN

La Nueva Evangelización y la búsqueda de un mayor compromiso por parte de los laicos en el anuncio de la Buena Nueva constituyen, sin duda, dos de los principales signos del pontificado de Juan Pablo II.

Sin embargo, resulta a todas luces necesario especificar cómo se interpretan las dos premisas, y más aún en el seno de instituciones que, como la nuestra, han hecho de ambos postulados el norte y la guía de su accionar.


El ANE es una asociación católica de laicos comprometidos con la Iglesia, que ha respondido al insistente llamado de Su Santidad, Juan Pablo II, quien ha pedido en reiteradas ocasiones a su Iglesia sumarse a la tarea de promover una “Nueva Evangelización”.

Para asumir este reto, nuestro Apostolado ha lanzado al mundo una Gran Cruzada de Amor y de Misericordia, con el objeto de rescatar al hombre que ha perdido la fe y la esperanza, y que se encuentra extraviado, para que vuelva los ojos hacia Dios, para que se acoja a su infinita Misericordia y encuentre la Paz que tanto necesitamos todos.

En la dimensión social de su accionar, nuestro Apostolado procura asistir solidariamente a todos los hermanos que sufren, especialmente a los enfermos de los hospitales, a los que están en las cárceles, a los jóvenes y niños de la calle... A todos aquellos que se sienten abandonados.

Los miembros del ANE trabajan en comunión con sus párrocos, y bajo los lineamientos pastorales de las Iglesias particulares en donde nuestro Apostolado tiene presencia, con un compromiso cristiano a tiempo completo, pues como decía San Juan Crisóstomo: "No existirían tantos ateos en el mundo si nuestro testimonio fuera más veraz."

Conscientes de que las buenas o malas acciones de cada cristiano repercuten en todo el Cuerpo Místico de Cristo, que es Su Iglesia, y en toda la humanidad, procuramos PROMOVER UN ESTILO SOLIDARIO DE VIDA en todos los miembros del ANE, a través de las siguientes actitudes evangélicas: Amor, pureza, oración, sacrificio, evangelización, servicio, alegría y conversión.
La Necesidad del Evangelio

La situación del mundo contemporáneo, con sus constantes y variadas amenazas (los conflictos bélicos –ahora con su vertiente bacteriológica—, que amenazan con llevar la muerte hasta el último confín de la Tierra; la corrupción, que es moneda corriente en la mayoría de las instituciones; la inseguridad ciudadana, agravada por la creciente miseria y la falta de valores; el divorcio, fruto de la absoluta ausencia de Dios en la mayoría de los hogares; la promiscuidad sexual, que es una práctica común de nuestra juventud; los embarazos no deseados, que por lo general terminan en el más vil de los asesinatos, que es el aborto)... todo ello nos habla a los gritos de la necesidad de buscar e irradiar con urgencia la Luz de la Palabra de Dios.

Es imperiosa pues la necesidad de insistir al hombre para que vuelva la mirada a Jesucristo Vivo. Pero necesitamos buscar las formas más eficaces y eficientes de hacerlo, porque la tradicional catequesis que nos lleva, generación tras generación, a recitar de memoria algunas de las verdades de nuestra fe, parece a todas luces insuficiente. Por ello buscamos y desarrollamos nuevos métodos y nuevas expresiones, con un renovado ardor, que se alimenta cada día en el amor a Dios y a la Santísima Virgen María. VALORES

Sobre qué principios basamos nuestro accionar:
Conscientes de que las buenas o malas acciones de cada cristiano repercuten en todo el Cuerpo Místico de Cristo, que es Su Iglesia, y en toda la humanidad, procuramos PROMOVER UN ESTILO SOLIDARIO DE VIDA en todos los miembros del ANE, a través de las siguientes actitudes evangélicas, que estamos obligados a cultivar:

• Amor: Jesús amó al Padre y al hombre hasta dar la vida. Siguiendo su ejemplo, viviremos en intimidad con el Padre y lucharemos por promover la plenitud del hombre.

• Pureza: Al igual que Jesús, viviremos con un corazón limpio y pureza de intención, a pesar de las tentaciones del mundo, asumiendo con honestidad los compromisos que nuestra actividad apostólica requiere.

• Oración: A través de la oración, Jesús vivió una comunicación íntima con su Padre; de igual manera y bajo el influjo del Espíritu Santo, viviremos en permanente diálogo con el Señor.

• Sacrificio: A imitación de Jesús, nos ofreceremos al Padre para conseguir la salvación integral de los hombres. Esto nos compromete a tener a Dios como único Señor frente a los falsos dioses del mundo actual: dinero, poder, placer y prestigio

• Evangelización: Así como Jesús vivió para anunciar el amor del Padre, nosotros a través de la difusión de la Palabra de Dios, anunciaremos, con nuestra palabra y nuestra vida, el Amor y la Misericordia del Hijo que nos redimió.

• Servicio: Jesús dedicó su vida a trabajar por el Reino de Dios y la salvación de los hombres. Seremos signo de Dios en el mundo al servicio de su Reino. Con ayuda del Espíritu Santo, buscaremos el reino de fidelidad, compasión, consuelo, alegría, libertad, solidaridad, hospitalidad, generosidad, justicia y verdad.

• Alegría: Nos caracterizará la alegría de haber sido llamados por Dios, de sabernos sus hijos, hermanos de Cristo y coherederos de su Reino. Es la alegría propia de los que encontraron en su vida el verdadero tesoro, la perla preciosa de la cual habla el Evangelio.

• Conversión: Viviremos un proceso de permanente conversión. El Apóstol de la Nueva Evangelización trabajará en sí mismo cada día, tratando de ser un nuevo hombre, avanzando hacia el Señor, procurando que el crecimiento espiritual de los hermanos sea un incentivo para él.

• Humildad: Reconociendo que todo cuanto somos, tenemos y podemos hacer, se debe exclusivamente a un don gratuito de Dios, lucharemos continuamente contra el egoísmo y la soberbia, dos males que enceguecen los corazones y constituyen el origen del pecado y el principio del extravío moral.

• Obediencia: Conscientes de la infalibilidad del Santo Padre al guiar los destinos de nuestra Iglesia, acataremos sus disposiciones y la orientación que dé al desarrollo de nuestra fe, a través de los Pastores que estén en comunión con él, y de las autoridades del movimiento apostólico al que pertenecemos.

lunes, marzo 23

DIOS ESTÁ LLORANDO SIEMPRE...

Esta mañana, cuando apenas rayaba el alba, ha entrado mi hija de tres años en la habitación, pidiéndome que apoquine un donativo para la Jornada de la Infancia Misionera. En su colegio, regentado por hermanas concepcionistas, le han hablado de otros niños de Guinea Ecuatorial o el Congo, Brasil o Filipinas, atendidos como ella por esta congregación misionera; niños que habrían muerto víctimas de enfermedades feroces o de pura inanición si esas monjas heroicas no hubiesen mediado en su tragedia. Como las hermanas concepcionistas, son miles los hombres y mujeres, religiosos y seglares, que un día cualquiera decidieron inmolarse en la salvación de otras vidas que languidecían en los arrabales del atlas; hombres y mujeres que, como cualquiera de nosotros, hubiesen preferido envejecer entre los suyos, disfrutando de las ventajas de una vida regalada, pero que respondieron sin rechistar a su vocación.
«¿Y qué es la vocación?», me interrumpe mi hija. «Es una llamada de Dios», empiezo un poco atolondradamente, pero como compruebo que mi hija no acaba de entenderme añado: «Dios nos habla a través de los niños que sufren». Y como temo que mi hija confunda a Dios con un ventrílocuo, trato de explicarme: «En realidad, Dios está dentro de cada niño que sufre, Dios es cada niño que sufre. Pero sólo algunas personas elegidas saben verlo; mientras los demás miramos para otro lado, los misioneros miran a Dios a los ojos, lo toman entre sus brazos, le dan un trozo de pan, le curan las heridas...». «¿Y también le cantan para que se duerma?», me interrumpe mi hija, empezando a comprender. «Todas las noches», le respondo. «¿Y cuándo se duerme ellos también descansan?», insiste. «No, ellos siempre están despiertos, porque apenas han conseguido que uno de estos niños se duerma otro empieza a llorar». Mi hija frunce el entrecejo: «¿Dios también llora?». «También. Dios está llorando siempre», le contesto.

Y estos misioneros, centinelas perpetuos de su llanto, se dedican a apaciguarlo, sabiendo que su misión es incontable como las arenas del desierto. Están hechos del mismo barro que nosotros, incluso parecen más frágiles que nosotros, más adelgazados por las noches de insomnio, por el recuerdo de las muchas vidas que han visto consumirse, por el llanto que no cesa y la rabia de no ser omnipotentes; pero en sus cuerpos curtidos por el sol y adelgazados de vigilias se esconde un incendio de benditas pasiones que mantiene caldeada la temperatura del mundo. Quizá mañana mismo se den de bruces con la muerte, que les tenderá su emboscada bajo la forma de un contagio, o de una ráfaga de plomo; pero, entretanto, perseveran en su epopeya silenciosa, sin aguardar otra recompensa que la sonrisa de un anciano famélico, la mirada palúdica de un niño que apenas se sostiene en pie, la caricia exhausta de una mujer que los contempla entre las neblinas de la fiebre. Ellos saben que en esa sonrisa claudicante, en esa mirada desvanecida, en esa caricia de rendida gratitud se esconde Dios. Son veinte mil españoles, entre los cientos de miles que se reparten allá donde las hambrunas y las guerras endémicas trituran vidas ante la indiferencia de los politicastros y los noticieros televisivos. Si mañana dimitieran de su misión, la noche se abalanzaría sobre el mundo. Seguimos vivos porque el fuego que los enardece no declina su llama.

Son veinte mil españoles para atender la muchedumbre del dolor, para apaciguar el llanto multitudinario de Dios que se copia en las lágrimas de cada hombre que sufre, para llevar el Reino a los parajes más arrasados del planeta. Son veinte mil hombres y mujeres salvando cada día a millones de niños. Y necesitan nuestra ayuda: nuestro aliento, nuestra gratitud y también nuestro dinero. Así que a ver si apoquinamos.

Tomado de : http://www.vidasacerdotal.org