| Niño Jesus - copyleft |
Sólo
Jesús es hermoso. El sólo puede hacerme gozar. Lo llamo, lo lloro, lo busco
dentro de mi alma. Quiero que Jesús me triture interiormente para ser hostia
pura donde El pueda descansar. Quiero estar sedienta de amor para que otras
almas posean ese amor. Que yo muera a las criaturas y a mí misma para que El
viva en mí.
¿Hay
algo bueno, bello, verdadero que podamos concebir que en Jesús no esté?
Sabiduría, para la cual no hay nada secreto; poder, para el cual nada existe
imposible; justicia, que lo hace encarnarse para satisfacer por el pecado;
providencia, que siempre vela y sostiene; misericordia, que jamás deja de
perdonar; bondad, que olvida las ofensas de sus criaturas; amor, que reune
todas las ternuras de una madre, del hermano, del esposo y que haciendolo
salir del abismo de su grandeza, lo liga estrechamente a sus criaturas;
belleza que extasía…¿Qué otra cosa imaginas que no esté en este Hombre-Dios?
Temes
acaso que el abismo de la grandeza de Dios y el de tu nada jamás podrán
unirse? Existe en El el amor; y esta pasión lo hizo encarnarse para que
viendo un Hombre-Dios, no temieran acercarse a Él. Esta pasión hízolo
convertirse en pan, para poder asimilar y hacer desaparecer nuestra nada en
su Ser infinito. Esta pasión le hizo dar su vida, muriendo muerte de cruz.
¿Temes
acercarte a El? Míralo rodeado por los niños. Los acaricia, los estrecha
contra su corazón. Míralo en medio de su rebaño fiel, cargando sobre sus
hombros a la oveja infiel. Míralo sobre la tumba de Lázaro. Y oye lo que dice
a Magdalena: Mucho se le ha perdonado porque ha amado mucho. ¿Qué descubres
en estos rasgos del Evangelio, sino un corazón bueno, dulce, tierno,
compasivo, un corazón, en fin, de un Dios?
Él
es mi riqueza infinita, mi beatitud, mi cielo.
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