lunes, febrero 9

ORA CON EL SALMO 146

Salmo 146 de oración a dos columnas intercaladas.

SALMO 146

(lee pausadamente la casilla de la izquierda y luego la de la derecha)

ORA CON el SALMO 146

(lee pausadamente la casilla de la izquierda y luego la de la derecha)

1¡Aleluya!
Alaba, alma mía, al Señor:
2alabaré al Señor mientras viva,

tañeré para mi Dios mientras exista.

Alma mía agradece al Señor todos sus favores.

Bndice al Señor con toda la vida.

Dios mío que amándote a Ti sepa poner a las personas en el lugar que les corresponde.

3No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden salvar;

4exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus planes.

Gracias Dios mío por recordarme mi fragilidad, mi debilidad, cumple tu plan de felicidad en mí.

Señor haz que tenga sólo ojos para ti y que las criaturas del mundo no me aparten de ti, sino a Ti me lleven.

5Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor,
su Dios,

6que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en él; que mantiene su fidelidad perpetuamente,

Hacedor del Cielo de mi Alma y de la Tierra de mi Cuerpo gracias por cuidar de mí.

Haz Señor, que busque la justicia y sea generoso.

Dame perseverancia y fidelidad siempre.

7que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.

El Señor liberta a los cautivos,

Señor ayúdame y enséñame a ser solidario con los encarcelados, con los pobres y con los más desprotegidos de la tierra, ellos son mis hermanos.

Señor haz justicia y enséñame a ser justo.

8el Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.

Señor tu me pides que yo lo sea sal del mundo y luz de la tierra, limpia mis ojos a lo que conviene.

Muchos abatidos, tristes, solitarios y sufrientes encontraré haz Señor de mí un reparador de corazones rotos y una persona amorosa.

9El Señor guarda a los peregrinos,
sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.

Por tu amor eterno Señor. Protégeme bajo tus alas en el camino de la vida, haz que el enemigo no me toque. Te alabo por la posibilidad de poder ayudar a mis hermanos los pobres.

10El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.
¡Aleluya!

Quiero que reines en mi corazón, en mi vida, en mi hogar, por siempre Señor. Que tu reino de Justicia, Amor y Paz construya cada día Señor.

Toda mi vida te alabaré, bendeciré, y adoraré en santidad y amor, mi Dios y mi todo.

Te bendigo por conducirme a tu monte santo de Sión y a tu Iglesia que es el pueblo de Dios elegido por ti para ser santo...

Alabad al Señor, Camino que me salva, Verdad que me libera y Vida que me da plenitud.

Para la realización de la oración de la columna de la derecha se ha hecho tomando un palabra clave de los versículos de la izquierda y en la derecha se ha aumentado la reflexión o meditación a partir de dicha palabra, el lector orante bien podría tomar otra palabra y a partir de allí y de su experiencia de vida hacer otra oración más personal, pero conservando la alabanza que es la forma de oración predominante en el grupo de los 5 salmos finales del salterio.

Por Ramiro Pinzón.

No hay comentarios: